Pasan los días y el vagón del Metro sigue circulando en piloto automático. Algunos pasajeros están desaparecidos y algunos otros estamos inmersos en una vorágine de cambios en nuestras vidas. Seguramente en unos días, los pasajeros volverán a hacer de las suyas y espero que los pasajeros vuelvan a dejar sus huellas en el vagón. Mientras esos días llegan, me despido con un abrazo.miércoles, 16 de abril de 2008
No estábamos muertos... Andábamos de parranda.
Pasan los días y el vagón del Metro sigue circulando en piloto automático. Algunos pasajeros están desaparecidos y algunos otros estamos inmersos en una vorágine de cambios en nuestras vidas. Seguramente en unos días, los pasajeros volverán a hacer de las suyas y espero que los pasajeros vuelvan a dejar sus huellas en el vagón. Mientras esos días llegan, me despido con un abrazo.
Publicado por
Pasajeros enmascarados
en
21:35
1 comentarios
Etiquetas: Línea 13
jueves, 10 de abril de 2008
Yo no soy una Barbie...
Ya son conocidos los anuncios de la marca de jabones "Dove" que hace alusión a la belleza natural y donde ridiculiza un poco el estereotipo artificial de belleza perfecta que abunda en los medios: Piel perfecta, proporciones perfectas, facciones armoniosas... Sin signos de vejez o alguna marca de guerra... ¡Ja!... Y una tan preocupada siempre por andar presentable y cuidando hasta el último detalle.
Publicado por
Pasajeros enmascarados
en
9:25
0
comentarios
Etiquetas: Así vivimos
miércoles, 9 de abril de 2008
Tolerancia Zapoteca.
Agarrando el viaje con una amiga que viene de tierras sureñas, empezamos a platicar de varios rollos chidos sobre cómo viven algunas culturas todavía en esta tierra mexica. Me empezó a platicar que en Oaxaca hay un lugar llamado Juchitán de Zaragoza, de donde son originarias las Tehuanas.
Publicado por
Pasajeros enmascarados
en
0:05
1 comentarios
Etiquetas: Pacheco pero cierto
martes, 8 de abril de 2008
Desempleada a los cincuenta
La cuestión del empleo es algo muy delicado para una mujer de mi edad. Hoy en día es muy fácil que una mujer con la mitad de tu edad y el triple de conocimientos técnicos se quede con lo que pensabas que podía ser tu oportunidad de empleo. Si a eso le sumamos que sólo tengo 4 años de experiencia laboral y además que no he ejercido desde hace más de 25 años, es muy fácil pensar que una no se puede sentir segura aunque sea muy buena con la máquina de escribir eléctrica ni aunque sea organizada, puntual y tenga bonita letra.En un intento por acercarme a una mayor cantidad de ofertas de trabajo, se me ocurrió la fabulosa idea de ir a una Feria del Empleo que daría lugar en el Palacio de los Deportes. Armé cuidadosamente quince juegos de currículum actualizados, con foto a color y echándome más porras que una madre a su primogénito en su primer partido de soccer. Iba dispuesta a concertar varias entrevistas y a encontrar ese trabajo que me ayudaría a darle la vuelta a la ruta de mi vida. A tomar las riendas…
Creo que fui algo ingenua al pensar que el lugar no estaría repleto a reventar. Después de todo, ¿Qué se puede esperar de una de las ciudades más grandes del mundo ubicada en un país tercermundista con altos índices de desempleo? El lugar parecía una gran alberca, con la salvedad de que en lugar de moléculas de agua había desempleados. Jóvenes, adultos, ancianos, hombres, mujeres, personas con capacidades especiales, profesionistas, analfabetas... Todos buscando oportunidades para subsistir o para mejorar su calidad de vida. Era tanto el aglomeramiento de gente que me fue imposible acercar a los módulos en los que las empresas estaban recibiendo papelería. Incluso llegué a pensar que se respira mejor en una estación de Metro a hora pico. No, no, no... Estábamos tan apretados en filas y pasillos que les juro que estuve a punto de hacerme una prueba de embarazo saliendo de ahí.
Mallugada, sofocada, despeinada... Prácticamente con mi elegante blusa de ombliguera y mis tacones altos (Qué inocente...) pisoteados. Salí corriendo. Me sentía desesperada y no sabía todavía si reír, llorar o hacer gala de indiferencia. A penas me había decidido a tomar el Metro para regresar a la casa cuando de pronto pasó una camioneta pick-up repleta de jóvenes en su caja. Cuando estaban lo suficientemente cerca de quienes estábamos a las afueras del Palacio de los Deportes, empezaron a chiflarnos y a gritarnos: "¡Adiós, desempleados!", mientras reían a carcajadas.
Algunos de los que estaban ahí les gritaron de groserías. Otros (como yo) sólo miraron cabizbajos hacia el piso. Misma postura, pero con la diferencia de que en los ojos de unos había rabia, en los gestos de otros llanto y en otros más, una risa ligeramente apenada. Yo me reí para no llorar. Estuve a punto de aventar mi papelería al piso, pero me contuve por respeto a la ecología. Cuando llegué al bote de basura más cercano, me contuve por no hacer el ridículo y me fui a mi casa. ¿"Adiós, desempleados"? ¡Mejor recuérdenme a mi madre!
¡Chicuelos! ¡Ahí les encargo una rezadita a mi nombre para que encuentre chamba!
* Diva Enmascarada *
Publicado por
Pasajeros enmascarados
en
0:05
0
comentarios
Etiquetas: Crónicas de un pasajero
lunes, 7 de abril de 2008
Horario de verano...
Ayer amanecimos con el nuevo horario de verano y aunque la gran mayoría de los mexicanos entre los cuales me incluyo no vivimos el domingo ningún tipo de consecuencia, seguro hubo más de uno que perdió un vuelo, llego tarde a un entrenamiento o simplemente sintió que le movieron el tapete. La gente que vivió el reventón el sábado en la noche y madrugada del domingo hizo comentarios a la tónica de "Ya nos robaron una hora de pachanga", pero lo que realmente requirió más voluntad fue incorporarnos hoy lunes a nuestras actividades cotidianas.Me acosté al cuarto para las doce y como cada noche lo hice con la creencia de que al acostarme, cada minuto antes de la media noche es ganancia y equivale a dormir de más. Por otro lado, dentro de mi rosario de manías obsesivas, dormir a las doce con cinco, implica que estoy durmiendo cinco minutos menos y seguramente por karma psicosomático* al día siguiente me costará mucho más trabajo levantarme...
Por alguna razón que en ese momento creía extraña, pasaban los minutos y yo seguía con el flujo de ideas girando a velocidades vertiginosas. Mi cerebro seguía evocando esa estúpida tonada que mi subconsciente adquirió seguramente en un lapso de debilidad y también se encontraba ocupado haciendo cuentas para administrar el gasto. ¡Vaya roña!... Por si fuera poco, al asomarme para ver la hora, los enormes y luminosos números rojos gritaron "doce con treinta y ocho"... Lo cual para alguien obsesivo como yo, es desesperante.
Conforme pasaron los minutos, el breve estado de somnolencia con el que me acosté iba desapareciendo. Cada vez me sentía más despierto y tanto fue el grado de vivacidad, que estuve apunto de levantarme a leer para recuperar el sueño... De nuevo echando un vistazo: "Doce con cincuenta y uno"... ¿Sería un ataque de insomnio? ¿Qué eso no es algo que sólo le sucede a la gente mala, o a la gente que tiene grandes deudas y ni un ápice de oportunidad para pagarlas? ¿Sería porque no voy a la iglesia?... Cuando el reloj marcó la una con siete minutos me resigné a no dormir. Respiré profundo y sin buscarlo, quedé dormido.
Suena el despertador y me veo con más dificultad para levantarme. Con los ojos más hinchados de lo normal. Con la mañana más oscura de lo normal... Diría que con más lagañas de lo normal, pero eso sería mentira. Cuando despierto, todo cuadra: No me podía dormir porque mi estúpido reloj biológico se empeñaba en mantenerme despierto hasta que la media noche cósmica llegara. A un reloj biológico le importa un rábano una iniciativa para ahorrar energía eléctrica o los ahorros en kilowatts/hora que pudiera generar un edificio público.
Espero que mañana al librar la clásica batalla contra Morfeo, no tenga estos peculiares tintes de batalla épica donde por más que me trato de hacer fuerte, el enemigo se multiplica hasta el infinito imposibilitando que alguna vez pueda salir victorioso sin sueño... Sin lagañas... Sin la horrible sensación de que me robaron una hora de mi vida que no me repondrán hasta dentro de varios meses.
*Psicosomático: Tipo de padecimiento imaginario que inventamos los locos a partir de la manipulación enferma de nuestro subconsciente a nuestro organismo de tal forma en que nos convencemos de que es real.
>> Grinch <<
Publicado por
Pasajeros enmascarados
en
1:29
0
comentarios
Etiquetas: Así vivimos
Seducción por interés... ( 3 )
Continuación de aquí...Ya estaba acostado en mi cama cuando sonó mi celular. -¿Adivina quién soy? Reconocí la voz... Deduje que la prima de Claudia había sacado mi número cuando le presté mi teléfono y se lo había pasado. -¿Claudia? -Sí, ¿En dónde estás? -En mi casa, a punto de dormirme... -¿Cómo? ¿Tan temprano? -Es que no tengo dinero para regresar en taxi a mi casa. -Lánzate para acá, yo te pago el taxi... -Pero también es el taxi de ida y no tengo dinero para ni un trago y no pienso cargarte la mano. -Ya te dije que yo te pago todo. No discutas. Aquí te espero...
Me volví a vestir y acatando ventajosamente esa orden, tomé un taxi y al llegar al centro le marqué a Claudia. -Ya estoy llegando. -Estoy en la esquina de la fuente de la plazuela... Cuando el taxi llegó, como si yo fuera la dama me bajé del taxi mientras Claudia le pagaba al chofer, quien no dejaba de mirarme extrañado por ver que no era yo quien pagaba. -Ven, vamos. No se vaya a calentar tu cerveza. Entramos de la mano al un bar diferente al de la ocasión pasada y cuando nos sentamos junto con su hermano, prima y amigos, percibí que Claudia ya traía aliento alcohólico, lo cual ya no me extrañaba.
Estuvimos todos varias horas platicando, riendo y cantando con la música de fondo hasta que no recuerdo quién, sugirió ir a casa de la prima de Claudia. Yo, esta vez despreocupado por el transporte de regreso, me dejé llevar cual hoja al viento. Tomamos un Taxi y llegamos casi a las cuatro de la mañana a nuestro destino. Esta vez la bohemia fue diferente. Ahora casi todos estaban dormidos de borrachos, excepto Claudia. Yo estaba en el término medio de la briaguez de todos los presentes y seguía despreocupado por el regreso a mi casa... Lo que ahora me preocupaba eran dos cosas. Por una parte, la expectativa de que la velada culminara en algo más que besos. Por otra parte, la sensación contradictoria de que no estaba interesado en nada serio con Claudia. La decisión era sencilla. Tenía que terminar con todo este asunto de una manera cortés, pero el alcohol se encargó de presionar hacia donde las hormonas empujaban.
-Espérate... Vas a despertar a mi prima... Decía Claudia entre risas, nervios y aires de complicidad. -Naaah... Está bien perdida de borracha... -Pero... Espérate... Decía cada vez que yo trataba de subir la temperatura a las caricias... Hasta que me dijo: -Mejor ven... Acompáñame... Y me llevó a una recámara vacía, pero que pertenecía a un niño. La cama era pequeña, el edredón tenía motivos infantiles y había una cantidad grande de juguetes en la estantería de las paredes... Ahí no hubo más pretextos. No había riesgo de despertar a su prima ni a su gato ni a nadie, así que nos dejamos llevar hasta las últimas consecuencias.
Al terminar, Pasó un rato hasta que la mezcla de sensaciones entre la satisfacción por la misión cumplida y la culpa por mi debilidad ante lo que evidentemente no era lo correcto me hizo levantarme en seco. -Tengo que irme, tengo una entrega importante el lunes y no me puedo quedar más. -No te vayas... Quédate conmigo... Ya era tarde... Le había dado alas y no pensaba corresponderle como ella esperaba... -Discúlpame, pero en verdad tengo que irme. Ya iba yo rumbo a la puerta cuando Claudia me dijo. -¿No necesitas el dinero para el taxi de regreso? Me encogí de hombros, bajé la cabeza y le dije que sí. Ella sacó un billete de su bolsa y me preguntó si alcanzaría con eso. -Seguro que sí.
Salí de casa de la prima de Claudia. Al despedirnos cambié la trayectoria de mi beso para estamparlo en su mejilla y no en la boca. Ella cambió su mirada. Lo entendió todo y yo me sentí terrible. Salí y caminé hasta la esquina. Vi el reloj de mi celular y pensé que a las cinco con treinta de la mañana ya era posible tomar un camión para ahorrarme lo del taxi. Llegué a mi casa en camión, dormí unas horas y al día siguiente con ese dinero que me ahorré por no tomar taxi me compré un yoghurt para beber, un pan y fui a desayunar a mi casa. Cuando probé el yoghurt, me supo muy mal... Como si hubiera caducado... Era el sabor de la culpa.
- el güey de junto -
Publicado por
Pasajeros enmascarados
en
0:04
3
comentarios
Etiquetas: Crónicas de un pasajero
viernes, 4 de abril de 2008
Y sigue la mata dando...
Siguen pasando los días y los perredistas todavía no se ponen de acuerdo. Se están auto-aplicando la estrategia del "voto por voto" y consideran la posibilidad de invalidar las votaciones para elegir a su presidente de partido. ¡Bonito ejemplo de democracia!
Publicado por
Pasajeros enmascarados
en
1:00
0
comentarios
Etiquetas: Política y esas cochinadas
Seducción por interés... ( 2 )
Continuación de aquí...... se sentó conmigo y me dijo -Me dijo Claudia que te diera esto... Me había anotado su número tras un volante que anunciaba una promoción de tres por dos en cerveza oscura. -Y también me dijo que si querías acompañarnos para estar con ella... Pensé que mi suerte había regresado y que posiblemente obtendría mi regreso gratis a casa... Pero los planes del destino eran un poco... Diferentes...
-Tus amigos del grupo y yo estábamos invitados ¿eh?. Nos esperamos a que terminaran las dos últimas canciones que tocaría el grupo esa noche y cuando les comenté al grupo, entre burlas de que aludían a mi buena pesca salimos a alcanzar a Claudia y a los otros que ya estaban en la esquina parando un taxi, porque ninguno de los cinco tenía auto... Pensé que después de todo, no hubieran podido llevarme a mi casa.
Entre el taxi que pararon y el vocho del bajista del grupo, nos apretujamos todos para llegar a casa de quien después supe, era prima de Claudia. Bajamos junto con un par de botellas y una vez en su casa, el compañero que venía sin pareja y que resultó ser el hermano de Claudia, trajo la guitarra para seguir la bohemia... Al menos durante unos breves minutos, hasta que se terminó la primera botella y a alguien se le ocurrió jugar precisamente... A la botella.
Empezamos poniendo tragos de castigo. A los veinte minutos Claudia y algunos más estaban bastante ebrios y el hecho de que había algo entre Claudia y yo ya era evidente. Ella me abrazaba, me tomaba de la mano y yo me dejaba querer. Cuando los castigos cambiaron de alcohol a besos y caricias semi-sexosas, "casualmente" todos los castigos de Claudia eran conmigo y viceversa... Hasta que Claudia omitiendo turnos, se mostraba ya bastante empalagosa en una mezcla extraña entre sensualidad exagerada, ofrecimiento y briaguez. Sentada en el piso como todos y junto a mí, me empezó a estrujar por encima del pantalón. A mí, pese a mis tragos encima, me dio mucha vergüenza. Disimuladamente le quitaba la mano a Claudia quien me preguntaba con los ojos entrecerrados -Qué... ¿No te gusta que te acaricie la pierna? -Es que esa no es precisamente mi pierna... Hasta que Claudia se paró y casi ordenándome dijo "Ven conmigo". Me jaló de la mano y me llevó a la entrada del baño. Abrió la puerta y ya me iba a jalar para meterme con ella hasta que se detuvo en seco. Me hizo un ademán de "Alto" con la mano, cerró la puerta dejándome afuera y la escuché vomitar de una forma aparatosa. -¿Estás bien? -Sí, es que... Algo me cayó mal... Omití mi respuesta sarcástica de "Sí, tal vez las nueve cervezas y los ocho caballitos de tequila", pero con la tranquilidad de que estaba conciente tomé una decisión.
Con sólo imaginar a Claudia estrujándome el pantalón y besándome con aliento a vómito, las cosas eran bastante claras. Tenía que huir... Y como si el sonoro ruido vomitivo fuera una alarma común, mis compañeros solidarios se pusieron de pié y nos comenzamos a despedir. Claudia salió del baño con el maquillaje corrido, cara lavada, ojos hinchados y cabello mojado. -¡No te vayas! Dijo tomándome con fuerza del brazo. -Es que ya me tengo qué ir, luego nos vemos, tengo tu teléfono. Repetía yo tratándome de zafar... Estuvo colgada de mi brazo hasta que su prima me ayudó a detenerla para que saliéramos sin mayor problema, pues Claudia ya estaba bastante necia. -Tssss... Quién te viera, perrín... ¿Ya ves? ¿Quién te manda a tocar mi guitarra de la suerte? Aunque Julio lo decía sarcásticamente.
Julio pidió al bajista que me llevaran hasta mi casa. Les di las gracias y subí las escaleras hacia el departamento...
Meses más tarde, en el mismo bar, me encontré a su prima, quien vio que ya tenía celular. -¿No que no tenías teléfono? -Es nuevo. -Ah, ¿Me dejas verlo? Sirve que te anoto el celular de Claudia. Le dije que sí y ella sacó su celular y empezó la trascripción. Se me hizo raro que no me pidiera mi número y finalmente nos despedimos. El siguiente fin de semana, fui al mismo bar y me salí temprano para alcanzar el camión, pero mientras iba rumbo a la parada de camiones vi de lejos a Claudia y su grupo. Me saludaron todos desde lejos, menos Claudia. Seguí caminando, tomé el camión y llegué a mi casa. Ya estaba acostado en mi cama cuando sonó mi celular. -¿Adivina quién soy? Reconocí la voz... deduje que la prima de Claudia había sacado mi número cuando le presté mi teléfono y se lo había pasado. -¿Claudia? -Sí, ¿En dónde estás? -En mi casa, a punto de dormirme... -¿Cómo? ¿Tan temprano? -Es que no tengo dinero para regresar en taxi a mi casa. -Lánzate para acá, yo te pago el taxi... -Pero también es el taxi de ida y no tengo dinero para ni un trago y no pienso cargarte la mano. -Ya te dije que yo te pago todo. No discutas. Aquí te espero...
Continuará...
- el güey de junto -
Publicado por
Pasajeros enmascarados
en
0:48
2
comentarios
Etiquetas: Crónicas de un pasajero
jueves, 3 de abril de 2008
Seducción por interés... ( 1 )
Hoy, otra vez es día de quitar el cerrojo y la cadena que mantienen cerrado el baúl de mis vergüenzas románticas personales. Digo vergüenzas, porque es de aquel grupo de situaciones en las que no me enorgullezco para nada de lo que hice o de cómo lo hice. Es de esas anécdotas que aunque dejan una experiencia, te dejan el sentimiento de "Si pudiera remediarlo, regresaría el tiempo y lo haría diferente". Sin embargo, ante esa imposibilidad que deja al descubierto la estupidez humana (en este caso, la mía en particular) no me queda mas que guardar este recuerdo como experiencia y... ¿Por qué no? Compartirlo con mis cómplices del vagón.Aquel era uno de esos sábados en los que a falta de algún compañero de bohemia, decidí salir solo al bar de costumbre. Con presupuesto exageradamente limitado, estaba destinado a irme a las diez de la noche si quería irme en el último camión de la ruta nueve que pasaba por mi casa, porque no me alcanzaba para pagar un Taxi. Tomar un trago era impensable. De todos modos esa salida austerísima era mejor que quedarse en casa.
Como era bastante temprano, muchas mesas todavía estaban vacías. Me senté en la mesa más cercana a la pequeña plataforma donde el grupo de rock tocaba (grupo formado por conocidos que me permitían subir a tocar un par de piezas) a pesar de que era una mesa para siete. Pasaron los minutos y las mesas se fueron llenando. Finalmente el mesero que ya me conocía de vista y sabía que era de los que no consumía nada, me pidió que tomara una mesa más chica, pues había llegado un grupo y donde yo estaba era la única mesa en la que cabían. Estaba poniéndome de pié cuando uno de los dos jóvenes que venían con tres señoritas le dijo al mesero: "No hay problema, que se quede ahí, de todos modos sobran dos lugares". Le di las gracias y seguí escuchando con atención al grupo.
Minutos después sonó la alarma de mi reloj que indicaba que si no salía corriendo, perdería el último camión. Eso implicaba que tendría que caminar cerca de dos horas para llegar a la casa o que tendría que ver la forma de conseguir aventón... [Conseguir aventón... Dos jóvenes y tres señoritas... Conseguir aventón... Dos jóvenes y tres señoritas... Conseguir aventón...] Mi mente sugirió la relación que hizo que mi cerebro fraguara el plan haciendo caso omiso a mi adormilada conciencia. Tenía la pequeña posibilidad de hacer amistad con los inquilinos de mi mesa para que después de apelar brevemente a su compasión me llevaran a mi casa. Apagué la alarma de mi reloj y puse manos a la obra...
Por el orden y ubicación en la que se sentaron, supe que del grupo de cinco, sólo había una pareja bien formada. Por la forma en la que estaban sentados, supe que en el mejor de los casos, el otro espécimen masculino pudiera pretender a una de las chicas que por lo visto no le dedicaba mucha atención, sin embargo por si las dudas, empecé con el escaneo de la chica que estaba enfrente de mi, del otro lado de la mesa. La chica que a todas luces parecía ser la que no tenía compromisos (al menos en esa mesa) y en la que habría de enfocar mis pueriles esfuerzos "donjuanezcos": Morena, tal vez entre 18 y 20 años, voluptuosa, un poco llenita, cara bonita. Empecé con un par de miradas casuales acompañadas por algunas sonrisas. Cuando noté mi incapacidad para acelerar el paso usé un infantil (estúpido) pero efectivo truco para llamar su atención. Cuando nos miramos fijamente, mi cara de galán se transformó en una mueca infantil y le enseñé la lengua. Ella titubeó desconcertada, abrió más los ojos y con cara de sorpresa abrió un poco la boca como si exclamara en voz baja... Se paró de su silla y se sentó en la silla vacía que estaba junto a mí.
El resto fue palabrería, intercambio de datos generales y algo de risas. Después interrumpí la plática pidiéndole un momento, ya que un integrante del grupo me ofreció su guitarra acostumbrado a que en ciertas canciones de Caifanes le pedía oportunidad para el palomazo. Aproveché la oportunidad para farolear un poco con la guitarra... Un poco más de la cuenta... Cuando terminó la canción y regresé a mi asiento, confiado en mi halo de rockstar le pedí que fuéramos a platicar a un lugar más tranquilo. (En este momento, si fuera yo espectador y mi anécdota una película, emitiría una sonora trompetilla aludiendo a lo chafa del argumento)
Estábamos en una de las mesas más apartadas platicando y después de un rato ya estábamos tomados de la mano. Estaba buscando la oportunidad de darle un beso para dar el siguiente paso y ¿Por qué no decirlo aunque me llene de vergüenza?... Para asegurar el aventón a mi casa. -Claudia, ya nos vamos... Dijeron sus compañeros, mientras yo veía cómo se desmoronaba mi posibilidad de ir gratis en auto a mi casa. -¿Ya tan rápido? -¡Cuál rápido! Ya van a dar las dos y el grupo termina de tocar su última tanda en diez minutos... -Bueno, ya me tengo que ir. ¿Tienes teléfono? -No. Dije con cierta pena. -Bueno, a ver si luego nos vemos. Y con un beso en la mejilla se despidió de mí al levantarse.
Resignado a la larga caminata que me esperaba para regresar a mi casa, regresé a la solitaria mesa para siete. Seguí viendo y escuchando al grupo cuando una de las chicas que acompañaban a Claudia regresó, se sentó conmigo y me dijo -Me dijo Claudia que te diera esto... Me había anotado su número tras un volante que anunciaba una promoción de tres por dos en cerveza oscura. -Y también me dijo que si querías acompañarnos para estar con ella... Pensé que mi suerte había regresado y que posiblemente obtendría mi regreso gratis a casa, pero los planes del destino eran un poco... Diferentes...
Continuará...
- el güey de junto -
Publicado por
Pasajeros enmascarados
en
0:22
1 comentarios
Etiquetas: Crónicas de un pasajero
miércoles, 2 de abril de 2008
Yo voto por... ¡Dios!
Hace unos días se le daban muchas vueltas a la posibilidad de que un sacerdote o ministro religioso pudiera ser votado en una elección política para presidir un cargo público. Unos defendiendo la idea bajo la máxima de que antes de clérigos son personas y que cualquier persona que cumpla con requisitos estipulados debería poder ser candidata. Otros condenando la idea aludiendo a que ignorar la separación histórica que se dio hace muchos años entre el clero y el gobierno sería un retroceso histórico.¿Qué hay detrás de esta propuesta? ¿En verdad sería justo para el pueblo el amalgamara la iglesia con el gobierno? ¿Qué pasaría con la fe de una persona que vota para que el sacerdote que oficiaba la misa a la que acudía, gobierne su municipio y luego, debido al inminente círculo de corrupción en el país el sacerdote se vea inmiscuido en escándalos? ¿Qué pasaría con un político que contiende contra un sacerdote que además de contar con la preferencia partidista, cuenta con el respaldo de simpatizantes con la iglesia? ¿La formación de un sacerdote es adecuada como para hacer frente a retos que demandan un juicio técnico? ¿Si el sacerdote no cumple con lo que prometió en campaña está pecando? ¿Se iría al infierno? ¿Si un sacerdote milita en un partido, significa que Dios prefiere a ese partido?
Por otro lado... Si tuviéramos garantía de que los sacerdotes predican con el ejemplo... ¿Acabaría la corrupción? ¿Por cuántos sacerdotes meterían las manos al fuego asegurándolos incapaces de ser corrompidos?
>> Grinch <<
Publicado por
Pasajeros enmascarados
en
0:19
1 comentarios
Etiquetas: Política y esas cochinadas