viernes, 9 de enero de 2009

La parafilia de Lucas


Muxos estarán de acuerdo conmigo en ke las teorías Freudianas acerca del placer sexual son un tanto cuanto exageradas, sobre todo en lo ke respecta a la relación ke hace este cuate de cosas como la comida o hasta la hora de hacer del 2! Sin embargo, reconozco ke también existe la corriente ke defenderá a capa y espada estas mismas teorías basándose en el hecho de ke Frued era un cuate muy perron pa eso de la psicología!

Parafilias, expresiones comportamentales, desviaciones conductuales, y bueno, llámense como se llamen hoy en día a lo ke en antaño conocíamos como “perversiones” creo ke tenemos ke aceptar ke el sexo es parte elemental de nuestra cotidianeidad y medio ambiente! Y si no ke se lo pregunten al pato Lucas!

Lucas! Kien obviamente recibió su nombre gracias al famoso pato negro de la televisión de mi infancia, era un pato singular ke hábito cierta región del estado de México de cuyo nombre no kiero acordarme. Akella, también singular casa en medio de una colonia popular, era como una replica casi exacta de un típico rancho de pueblito, ahí, Lucas enfrentaba el día a día entre otros tantos animales y por supuesto también con la familia de humanos ke regenteaba el susodicho lugar. La vida de Lucas era igual ke la de cualkier pato ke se jacte de ser decente, se desayunaba su ración de moskitos y maromeros de los cacharros ke contenían agua encharcada y la acompañaba con una guarnición de pedrecillas ke se comía del lodo ke rodeaba los trastes akellos. Se entretenía en el transcurso del día, cotorreando con las gallinas y chismeando con el gato y de vez en cuando, ahuyentando a las visitas, correteándolas como keriendo imitar al perro de la casa.

El pato Lucas era para todos simple y llanamente un pato mas! Sin embargo, la verdad era muy diferente. Lucas, akel pekeño pato ke parecía tan normal, llevaba una insospechada doble vida. Lucas tenia una terrible parafilia, El pato practicaba una forma de sexo no solo prohibida y oscura y kiza para algunos hasta enfermiza. Fue terriblemente impactante para todos darnos cuenta de lo ke pasaba en realidad.
continuara!

miércoles, 7 de enero de 2009

Aprendizaje

Los niños son criaturas curiosas que aprenden sobre el camino de las fuentes que tengan más accesibles. Aprenden de lo que ven hacer a sus padres, de lo que ven hacer a sus hermanos, a los personajes de sus programas televisivos preferidos, a sus amigos, vecinos, primos de los hermanos de los vecinos de sus tíos e innumerables fuentes más.

Recuerdo un día en el que mi hermana Lorena tal vez buscaba su identidad, o tal vez buscaba reafirmar su rol en la sociedad y de paso sentir nuevas experiencias:

Un día cuando ella tenía tres o cuatro años jugaba en su recámara mientras mi mamá cocinaba y yo veía la televisión. Debido a un comercial que distrajo mi concentración de la tele pude percibir cómo de pronto el rítmico sonido del tac tac del cuchillo sobre la tabla de picar se detuvo súbitamente, volteé a ver a mi mamá y la vi mirar hacia el infinito mientras buscaba identificar algo que estaba escuchando…

Dejó el cuchillo sobre la barra, caminó hacia el pasillo, me volteó a ver y con la mano me hizo señas para que me acercara sigilosamente. Así lo hice y cuando estuve justo a un lado de mi mamá, pude ver a mi hermana sentada en el piso, de espaldas hacia donde estábamos nosotros y señalando acusadoramente a su muñeco de peluche mientras decía repetidamente como una grabadora “Son chingaderas… Son chingaderas… Son chingaderas…”…

Mi mamá me hizo señas para que la siguiera de nuevo al final del pasillo cerca del comedor y dijo en voz alta ¿Lorenita, me hablas? “¡No mami!” contestó mi hermana. Entonces escuchamos que el murmullo que al principio oímos disminuyó. Nos volvimos a acercar y ahora con ademanes más contenidos y voz mucho más baja seguía repitiendo el reproche a su muñeco de peluche.

Regresamos al área del comedor; “Ven, vamos a comer” dijo de nuevo mi mamá en voz alta y entonces escuchamos pasos de sus pequeños zapatitos y Lorena llegó con nosotros a la mesa.

Mi mamá y yo nos volteamos a ver. En ese momento mi mamá no le dijo nada y no se si después lo hizo… Lo que sí se es que desde ese día jamás volví a escuchar a mi mamá decir “Son chingaderas” cuando desatendía mis obligaciones o faltaba a un acuerdo hecho con ella. Tal vez las dos aprendieron el mismo día.

- el güey de junto -

lunes, 5 de enero de 2009

Regalos de Navidad

Siguen pasando los días de asueto de fin de año y la repetitiva programación de los únicos canales que recibe la televisión me recuerda que casi no he salido de casa… Incluso a pesar de que nuestra televisión adolece de una reciente falla que hace que su cinescopio se oscurezca al grado en que a ratos más que ver televisión parece que oigo un radio.

Dentro de esa programación insulsa que me hace percibir cómo pasan las horas sin tener qué mirar el reloj, veo decenas de comerciales de juguetes los cuales no se si por ser un amargado empedernido o porque estamos cerca del Apocalipsis creativo de la industria juguetera y de la mercadotecnia, me parecen de lo más superfluos (por decir lo menos) y por si fuera poco a veces el comercial pareciera esforzarse por hacer ver aún más tonto el juguete que muestra.

Un pequeño excusado de plástico que en algún momento arroja chorros de agua a la cara de los jugadores mientras que usan ridículos artefactos en la cabeza que les ayudan a pescar gérmenes de plástico para depositarlos en la taza está en el límite de la insensatez, pero cuando el comercial encima sugiere que si se es lo suficientemente ocioso, el niño en lugar de agua puede usar refresco mezclado con salsa picante para rellenar el juguete, toma tintes que rayan en la idiotez… ¿O qué padre en su sano juicio regala a su hijo un juego de mesa de por sí falto de contenido en el que además el comercial que lo publicita promueve el uso de comestibles y condimentos para darle una variante “extrema”?

¿O por qué casi todas las autopistas de juguete promueven la idea de que los autos se deben chocar o lanzar por los aires acortando significativamente su vida útil? ¿Es acaso simplemente una estrategia consumista? Se que los niños se aburren y terminan dando mal uso a sus juguetes, pero ¿porqué habría de proponer el fabricante ese mal uso desde el concepto?

No podría decir que la vieja casa de Barbie es mejor que la que hoy anuncian con escalera eléctrica, sonidos “reales” y un vestidor tres veces más grande, así como tampoco me es posible decir que las muñecas que se basaban en el estereotipo machista que sólo ve a la mujer criando hijos y cocinando son mejores que las muñecas que creen que lo más importante en la vida es vestirse a la moda y que ir de compras es orgásmico… Pero… ¿Acaso soy el único que hace expresiones de desagrado con los comerciales de juguetes de hoy en día? ¿Soy el único que piensa “Sólo es pan con lo mismo” cuando ve las novedades del ramo? ¿Soy el único que está a punto de gritar “basura” durante esos comerciales? ¿Soy el único que se ha prometido jamás comprar juguetes estúpidos, aún cuando sus hijos llegaran a ser víctimas de la publicidad?

Espero que no ser el único, pues de lo contrario me será difícil explicarles a mis hijos porqué recibieron canicas en lugar de ese tonto juego de mesa, o un clarinete de medio uso en lugar de aquél sofisticado muñeco que se transforma, lanza misiles, dice catorce frases diferentes y se maneja por control remoto…

Pensándolo bien, mejor no me arriesgo. Mejor no tendré hijos.

>> Grinch <<

viernes, 26 de diciembre de 2008

Navideña cruda interminable!


Hoy amaneci con cruda navideña, de esas crudas morales ke te dan después de ponerte a pensar en tu problemática personal y lo injusto ke son los dioses ke a pesar de todos tus esfuerzos y suplicas nomas no te cumplen dejandote ganar la loteria y mientras el mundo se debate entre la tambaleante bolsa de valores, el hambre y la guerra, los crímenes raciales y de genero, los pleitos religiosos, myspace, facebook y demas, sin dejar de lado los “blogs” porsupollo, la musica de moda y las “oldies” las luchas civiles y las de paises enteros por sobrevivir y hasta por vivir, mientras todas estas cosas a gran escala ocurren en nuestro kerido planeta, nosotros nos dedicamos a presumir nuestra nueva “burka” intelectual bordada de todas nuestras miserias, las materiales y hasta las espirituales.
Hoy me vlvi a cuestionar acerca de akella vieja frase ke alguna vez lei de kiensabe kien y ke dice asi:

Los zapatos caros y de prestigiada marca, podrian ser los mas deshilachados huaraches de un alma miserable. A veces solo pensamos en nosotros mismos!

En la madre! Creo ke se me ha olvidado últimamente atender aquellas viejas macetas en las ke estaban sembrados los recuerdos aquellas fuertes raices que actualmente hacen florecer el jardin ke ahora hay en el lugar en ke antes se encontraba mi conciencia y se agolpan todos y de pronto como si kisieran escapar de un embudo, raices con nombres de hombres y de mujeres, con rostros sin luz publica y con nombres chikitos y grises en los periodicos de mis ciudades. Genaro Vazquez, Lucio Cabañas, Ruben Jaramillo hasta Digna Ochoa, Lydia Cacho, Manuel Buendía, Marcos y la comandanta Ramona… uta madre! Y si le sigo? Y si ya no paro? Y si me sigo sintiendo igual? Mejor hago como antes…si igualito ke en los viejos tiempos! …Lista de amigos, preparate! Vas a recibir una larga cadena con links…

No os preocupeis, solo pica por 7 minutos!...

jueves, 25 de diciembre de 2008

Crepes au fromage e chorize


Como que no tuvimos espiritu navideño? Eso dista muchisimo de la realidad, de hecho nuestro espiritu de la temporada se alarga tanto en nuestros corazones que la sensacion de que el dia en que vivimos es navidad nos dura todo el año. Si claro, la cruda y el doloron de cabeza por la sidrita y los brindis y hasta el mal estado de nuestros estomagos por aber abusado de la cena navideña. Segun sea el caso claro esta.
Por eso y para bordear con oro el regreso a estos vagones hoy les tengo una receta delicada y ligera para un suave amanecer del 25 de diciembre, osease... navidaaa!
Crepes au fromage e chorize o lo que es lo mismo pa la banda
quecas de choriqueso (6)

ingredientes

250 gr de queso para derretir ( pal que te haya alcanzado)
100 gr de longaniza de cerdo ya frita
6 Champignones grandes
6 tortillas de harina de tamaño regular ( no para burritos )

elaboracion

ya deberias tener el queso rayado, la longaniza frita y los hongos cocidos, digo, pa' obviar algo de tiempo al estcribir la receta no? mezcla todo en un recipiente y separa 6 porciones. El secreto en el exito de esta receta es usar el queso con mas grasa que puedas y que la longaniza no este tan dorada para que pueda soltar aun algo mas de su grasita. Ah por cierto, ni se te ocurra usar servilletas o toallas de papel para absorber el exceso de grasa de las quezadillas, eso es sacrilegio.

en el sarten precalentado a temperatura como para hot cakes, colocas en el centro una porcion, no importa si los ingredientes no se mezclaron bien. Permite que se derrita el queso y empiece a separarse de la grasa que se ira mezclando con la de la longaniza y tomara un color naranja o rojizocunado las orillas de la mancha de queso derretido empiecen a dorarse, coloca la tortilla de harina sobre la mezcla tratando de absorber toda la grasa, de inmediato y usando una espatula o pala, voltea la quezadilla de un solo golpe. ( Aguas! eso que escurre es liquido aceitoso muuy caliente!) al voltearla permite unos segundos para que la otra cara absorba la demas grasa y doblala a la mitad. y listo! solo deja dorar tu queca al gusto y sirvelas con una guarnicion de frijoles refritos con tocino o una salsa de Chilpotle!
No olvides tener a la mano tu sal de uvas! Hasta la proxima

martes, 23 de diciembre de 2008

El extraño regreso!


Ke onda?... Perdon ke salude de manera tan personal, pero es ke el olor de estos vagones me hace sentir realmente en casa y asi como ke entre "amigos de... atras tiempo"

ke el extraño regreso? ... bueno el titulo original era "el extraño regreso de akel ke andaba ausente, pero no precisamente de parranda" sin embargo, me creaba conflicto con mi etapa de
"ya llego el ke andaba usente y se le concedio volver" asi ke opte por una opcion mas austera y de facil lectura, por ke ...ya me la se! ... mucha letra mucha letra y poco contenido!

en fin ahora si! he vuelto por quiensabecuantanesima vez! haciendole honor al mote! "problemas" ke por cierto! he usado hasta como apellido en mis "nicknames" mas formales en mi vida laboral.

Asi ke, me pregunto como estaran todos akellos viejos camaradas de andanzas aki en los anaranjados vagones de la memoria? Por lo pronto, permitanme con todo respeto y sin kerer hacer menos a nadie! Levantar mi copa y hacer un brindis por toditita, pero toditita la banda!...






P A S A J E R O S ! Ke kiere el seguro social? ... SALUD!!!

lunes, 22 de diciembre de 2008

Incapacitado

Siempre me he considerado una persona cariñosa con mi pareja. Por ejemplo, a mi esposa Aída la beso, abrazo y le digo lo mucho que la quiero a cada oportunidad que tengo… Incluso al grado en el que fácilmente podría ser calificado de encimoso o empalagoso, conducta que para mi buena fortuna, ella ve con agrado.

En un día normal la abrazo varias veces al día y hace poco tras uno de esos abrazos me hizo una pregunta que me llamó muchísimo la atención: ¿Por qué no me abrazas como la gente normal?

Caray, pues ¿Cómo es un abrazo de gente normal? “Sólo abrazar”, me dijo Aída. ¿Pero a qué te refieres con eso de sólo abrazar? Y entonces me dijo que siempre que la abrazo juego con su cabello, o la muerdo, o le hago cosquillas, o le digo cualquier cosa o simplemente muevo mi mano con movimientos circulares frotando su espalda… Que nunca la había abrazado sin hacer algo más.

“Abrázame… Y disfruta solamente del abrazo.” Me dijo en un tono que pese a lo cariñoso sonaba como un reto. Entonces me acerqué a ella, la tomé entre mis brazos y traté de darle el abrazo que ella me pedía, pero sentí algo curioso. Conforme pasaron los primeros segundos sentí el impulso de querer hacer algo más y la sensación de desesperación por no estar haciendo algo en específico. Interrumpí el apenas breve silencio que habíamos formado con el abrazo con una risa que delataba que eso del abrazo puro y sin hacer nada más, no estaba funcionando del todo.

La solté y le expliqué que no podía simplemente abrazarla y que en cuando lo intentaba me distraía pensando en una multitud de cosas: Un poco en la postura incómoda por amoldarme al abrazo de alguien que mide doce centímetros menos de estatura y que te quiere abrazar por encima de lo hombros, otro poco en su cabello alborotado picándome la nariz o simplemente en saber que no estoy haciendo nada y que eso choca sistemáticamente con mi compendio de manías. Soy la clase de persona que se levanta de la cama porque se aburre de tratar de conciliar el sueño un domingo a las nueve de la mañana.

Ese día aprendí que soy incapaz de dar un abrazo sin sentir el impulso infantil de entretenerme durante ello. Descubrí que no puedo disfrutar de un abrazo sin ponerme a pensar sobre cuánto ha durado o sobre la inmortalidad del cangrejo. Por alguna razón no tengo esa capacidad de sentir un abrazo y no es que sienta que el puro abrazo no me es suficiente o que crea que es una pérdida de tiempo, simplemente cuando lo intento me gana la risa, me da comezón o termino refugiándome en aquel apapacho extra que me hace sentir que el abrazo ya tiene un razón y un propósito… De hecho… ¿Será eso? ¿Será que busco una razón o un propósito en la acción de abrazar o simplemente estoy incapacitado para dar un abrazo y sólo eso?

- el güey de junto -

viernes, 28 de noviembre de 2008

Tercia de patanes ( 2 )

Continuación desde aquí...

A plena luz de día y sin una décima de grado de alcohol en la sangre las señoritas se veían diferentes. Menos interesantes por no decir más comunes, pero no le dimos importancia y después de las formalidades del saludo caminamos hacia el departamento.

Me apena decir que la luz del día nos hizo evitar ir abrazados de las señoritas que si bien no las consideramos tan poco agraciadas, pensamos que no era conveniente irlas presumiendo por nuestros rumbos, así que con paso disimuladamente acelerado llegamos pronto al departamento y empezamos a platicar hasta que pronto llegó la hora de la comida.

Oswaldo hizo gala de habilidad preparando la pasta con su toque de hojas de laurel y aceite de oliva y yo la boloñesa con su pizca de orégano, pimienta blanca y chorizo estilo Cantimpalo. Jorge en su papel de anfitrión, aprovechó para no hacer nada en la cocina y se quedó platicando con ellas, aunque al final le tocó poner la mesa. Nos esmeramos cocinando, sazonando y sin sonar presuntuoso puedo asegurar que el espagueti a la boloñesa que preparamos se veía y sabía muy bien. Lo servimos en los seis platos, pasamos a la mesa y como niños pequeños, Oswaldo y yo esperábamos una muestra de atención hacia el platillo, algún comentario sobre lo agradable que resulta que un hombre sepa cocinar o algo por el estilo, pero esperamos en vano. Las tres comieron el platillo como si fuera sopa de fideo de fonda corriente servido en plato de plástico.

Terminando de comer, saqué la guitarra y me puse a tocar, así que pese al desaire que sufrimos Oswaldo y yo ante la indiferencia de las chicas hacia nuestro arte culinario, el ambiente se empezó a poner romántico. Después de decirle algo en voz baja, Jorge se llevó a su pareja a su cuarto entre risas y miradas de complicidad. Instintivamente Oswaldo y yo hicimos lo mismo.

La siguiente hora transcurrió con cada pareja en una habitación entre caricias, besos, manos aquí, labios acá, risas, piel erizada y uñas surcando la piel de la espalda… Pero sin llegar al sexo explícito. Aunque debo aclarar que el hecho de que la ropa siguiera ahí no era por mi iniciativa. Al contrario. Yo lo último que quería era que la ropa estuviera ahí estorbando y aunque no la pude convencer de darme ese gusto, nos la estábamos pasando bien.

Supe que ella estudiaba Biología, que iba en séptimo semestre, que le gustaba salir a bailar y que le gustaba de todo tipo de música. Ella supo que yo estudiaba arquitectura, que sólo bailaba en defensa propia y que era melindroso con ciertos géneros musicales. Seguíamos con nuestra plática de elevador cuando de pronto proveniente de la habitación contigua escuchamos la voz de la pareja de Oswado que decía entre risas: “Qué onda sister… ¿Estás ocupada?” Y desde el cuarto de Jorge se escuchó: “Más o menos sister… ¿y tú?”… Entonces nosotros nos echamos a reír y entendimos que no éramos los únicos que estábamos vestidos ni ella la única cohibida por la falta de una buena puerta.

Cuando nos dimos cuenta los seis estábamos platicando entre nosotros como si el ver simultáneamente hacia el techo nos conectara. Hablábamos en voz alta y reíamos aunque mis primos y yo entendíamos que el sexo tendría que esperar. Conforme la plática seguía nosotros recuperábamos compostura y nuestras manos regresaban a lugares más decorosos.

La “novia fugaz” de Jorge rompió el aislamiento yendo a tomar un vaso de agua a la cocina. Poco a poco los demás volvimos a la sala, platicamos otros minutos y cuando llegó la hora de que se fueran a sus casas no las tratamos de persuadir a que se quedaran ni las acompañamos a sus casas… Sólo las dejamos abajo del edificio hasta que subieron a un taxi y nunca más las volvimos a ver. Mientras el taxi se alejaba, nosotros como buenos patanes de dieciocho años nos divertíamos comentando que la compañera de Jorge parecía secretaria de oficina de escasos recursos, la de Oswaldo vendedora de flores y la mía parecía despachadora de tortillería.

Cinco días después por una llamada de Jorge a la chica que lo había acompañado, se enteró de que las tres querían que las acompañáramos a un reconocido antro de buena fama, cosa que Jorge rehusó con un par de pretextos y mentiras. Me dijo divertido: “¡Cómo ves! ¡Nos han de querer llevar para presumirnos!” y entre risas y comentarios a la orden de “Se tragaron el espagueti como puercos que no ven lo que comen” dimos punto final al asunto ya no supimos nada más de ellas, aunque en el fondo sabíamos que no había nada de qué enorgullecerse, pues más allá del hecho de que de noche todos los gatos son pardos, todos sabemos que con la vara que mides algún día serás medido.

- el güey de junto -

jueves, 27 de noviembre de 2008

Tercia de patanes ( 1 )

Cuando vives solamente con un primo, ir de cacería sabiendo que tienes un departamento dispuesto a todo es motivador. Pero cuando otro primo tuyo llega de visita, esas salidas toman tintes más interesantes y los resultados pintan más prometedores... Esto sucedió en Cuernavaca por ahí del año dos mil uno.

-¿Entonces a dónde llevamos a Jorge para darle su bienvenida? -No se, para variar hay poca lana, así que tendríamos que ir a algo más populachero... -Contesté a mi primo Oswaldo. -¿Como al Calabozo? -Sí, a ver si encontramos chavas que valgan la pena en ese bar Kareoke. -Entonces habrá qué llegar temprano para que no nos ganen a las más pasables. -Sentenció Oswaldo.

A las diez de la noche estábamos bajando del camión y fuimos hacia la entrada del lugar. Después de la respectiva revisión de rigor, el tour del mesero guiándonos hacia nuestra mesa y después de revisar la carta y elegir invariablemente la bebida embriagante más económica del lugar (cerveza), pusimos manos a la obra. Como si se tratara de un regimiento de aviones de caza, cada uno tomó una ruta estratégica para peinar el lugar y converger en un mismo punto para darnos los pormenores del lugar:

-Hay pocos grupos de chavas solas y hay un grupo de cuatro que están dos dos... Al menos les vi “buen lejos”, así que es cosa de ver si se hace o no. –Terminó diciendo Jorge con seguridad.

Dejamos pasar unos minutos que aprovechamos para tantear el terreno, buscar contacto visual, tomar yo el micrófono para cantar Santa Lucía y de pronto acordamos que era momento de nombrar a un embajador para ir a hacer el primer contacto. Después de deliberar, Jorge se puso de pié y se acercó a las cuatro damas de la mesa del fondo. Intercambiaron palabras, miradas, vimos cómo Jorge a lo lejos nos señaló a nosotros y como si de su dedo provinieran hilos de marioneta articulados a las narices de las cuatro, voltearon a vernos a Oswaldo y a mí, que para entonces ostentábamos ademanes de hombres de mundo que degustan un fino licor mientras hablan de la Bolsa de Valores.

Jorge nos hizo una seña con la que nos dijo que todo estaba hecho. Fuimos con ellos, ellas se pusieron de pié y pasamos a la pista a bailar. Al pasar la pista, cada quién asumió que a quien tenía enfrente sería su pareja… Bueno, casi, porque ellas eran cuatro y nosotros tres, y porque finalmente decidimos bailar en forma que visto desde arriba a veces parecería un círculo perfecto y a ratos una línea. Como una boca que se abre y cierra y en un momento nos ponía a cada uno de nosotros a bailar con una, después con una y media espalda de otra, luego con dos y en ocasiones con una y un cuarto de cadera de otra.

De inmediato noté que la chica que geográficamente me correspondía sólo a mí por estar los dos a la orilla, volteaba mucho hacia atrás, motivo que de inmediato quedó aclarado al hacerme saber que ahí estaba su novio con sus amigos, que estaban peleados, que la habían seguido o algo así. El punto es que cuando pensé que todo se iba al caño cuando dijo que iba a ir con él para no armar problemas, llegó su relevo y entonces sí, después de una breve reorganización cada oveja con su pareja.

Cuando nos sentamos en la mesa de ellas, empezamos a platicar y después de un rato de “Mira, yo…” “Y me gusta…” “Y por lo regular yo…”, Oswaldo y yo vimos con sorpresa que mi primo Jorge ya se estaba besando con su pareja, cosa que Oswaldo y yo le aplaudimos en forma de gestos levantando las cejas mientras telepáticamente nos decíamos: “Mira a ese güey… Nosotros como locales no debemos quedarnos atrás”.

Y entonces como si se tratara de una carrera, Oswaldo y yo decidimos aplicarnos para vernos en las mismas circunstancias. Yo tomé de la mano a la señorita que estaba conmigo, empecé a hablarle un poco más cerca del oído y cuando pensé que estaba todo listo para emparejarme con las habilidades de Jorge, volteé a mi izquierda y vi a Oswaldo besándose con su pareja, así que me desesperé, me salí de mi plan persuasivo y rompí la pasividad con un beso que fue bien correspondido.

El resto de la velada se concentró en besos, caricias, plática más personal, en persuadirlas de continuar la velada en mi departamento y en escuchar que no podían, que tenían los permisos bien medidos y que tendríamos qué vernos al día siguiente.

Cuando nos dijeron que tenían que irse, las acompañamos a la salida y el plan era simple. Sugirieron dividir la cuenta en seis partes iguales y tras pagar cada quién se iría por su lado y nos veríamos el día de mañana cerca del departamento para invitarlas a comer. Cuando estábamos por decir adiós y dar el último beso de la noche, Jorge dijo “Si quieren las acompañamos a su casa” y los cinco dijimos “¿En serio?” Sólo que mientras las tres jóvenes lo dijeron en voz alta mirándonos con gesto agradecido, Oswaldo y yo lo dijimos en voz baja o más bien sólo lo pensamos con tono incrédulo mientras que con la mirada le recriminábamos a Jorge su desconsideración hacia nuestros escasos fondos, pero el ofrecimiento ya estaba en la mesa y era peor retractarnos que pasar penurias económicas.

Paramos un taxi y después de casi hora y media de camino y noventa pesos de aquel entonces y de llevar a cada señorita a su casa llegamos los tres al departamento refunfuñando por la tarifa del taxi y por la mala fortuna de que las tres vivieran tan lejos entre sí, pero también haciendo planes para el día siguiente antes de irnos a dormir.

Al despertar hicimos cálculos: Tres parejas y tres recámaras. Lo que no embonaba era que sólo el cuarto que le tocaba a Jorge tenía puerta que aunque esta ya no abría y cerraba bien, podía cumplir con su trabajo de dar privacidad. Oswaldo y yo tuvimos que ser creativos, así que mientras yo clavaba tachuelas en la pared para improvisar un tendedero y colgar una sábana, Oswaldo aprovechó el tubo en el que hacía ejercicio y que estaba empotrado justo en el marco donde iba la puerta de su recámara.

Para celebrar la improvisación de mi “puerta” di un brinco a la cama y entonces justo a caer surgió una nueva preocupación, ya que en lugar de escucharse exclusivamente mi impacto contra el colchón, se escuchó un sonoro rechinido… Entonces recordé que en la mudanza me habían robado unas botas dentro de las cuales guardé una bolsa de plástico con los tornillos que servían para armar la base de mi cama. Las tablas de la cama estaban simplemente apoyadas sobre cajas y revistas viejas y como consecuencia la cama rechinaba en exceso. Era algo que tenía qué solucionar de inmediato, pues la falta de puerta y el intenso rechinido podría cohibir a la susodicha y arruinar todo el plan.

Salí corriendo a la ferretería sólo para encontrarla cerrada, así como las otras tres que había en la colonia. Fui al supermercado y como ahí tampoco encontré tornillos como los que necesitaba llegué resignado a la casa y cuando estaba por meterme a bañar, vi el tendedero en el patio de servicio y todo tomó forma dentro de mi cabeza: Puse trapos y toallas entre las uniones de cada tabla y pasé cordón de tendedero a través de las perforaciones por donde debían pasar los tornillos, hice varios nudos para asegurarlos y el resultado fue perfecto. Brinqué en la cama, me acosté, me paré, me volví a acostar y hasta imité peculiares movimientos pélvicos a modo de prueba de fuego y el veredicto fue el mismo: Insonorización perfecta.

Me bañé y me vestí en tiempo record. Salimos los tres primos al punto de reunión que convenientemente era una farmacia cerca de donde vivía, pues nos surtimos de parque y cuando nuestros bolsillos estaban repletos de látex nos paramos sobre la banqueta y estuvimos al pendiente por si las veíamos llegar. Cinco minutos después las tres bajaban de un taxi justo frente a nosotros. A plena luz de día y sin una décima de grado de alcohol en la sangre las señoritas se veían diferentes. Menos interesantes por no decir más comunes, pero no le dimos importancia y después de las formalidades del saludo caminamos hacia el departamento...

Continuará...

- el güey de junto -

sábado, 8 de noviembre de 2008

¡Y que me cortan la cola! ( 3 )

Continúa de aquí...

–¡No!, ¿Cómo cree? No daría tiempo usando pura anestesia local. Va a ser raquea. –Ay no… -Dije con voz trémula. –No se preocupe, le voy a poner un tranquilizante. Ahorita vuelvo.

-Me resigné. Me quedé boca abajo mirando el monitor de signos vitales al que estaba conectado por medio de una pincita colocada en mi dedo y de inmediato escuché pasos. Volteé y reconocí al Cirujano que me había revisado días antes, quien me saludó sonriente: -¿Listo? –Sí… Oiga Doctor, me dijeron que la anestesia va a ser raquea… -No, le voy a decir a la anestesista que la ponga local. –Oiga me ayudaron a rasurarme, espero que no sea necesario rasurar más… -A ver... –Dijo mientras abría la bata y dijo: -¡Muy bien compadre! ¡Quedaste como pa película porno! –Y mis nervios me hicieron participar tímidamente con las carcajadas del resto del personal que ya se encontraba para entonces en el quirófano.

-Lili, póngale local. -¿Local? Oiga, pero ¿le dará tiempo de terminar? –Sí, Usted no se preocupe. –Y en ese momento, su despreocupación, su estúpido chiste sobre mi trasero rasurado con calidad de pornstar y su plática informal con el resto de la gente del quirófano me hicieron dudar de la capacidad del Doctor... Me lo imaginé dándome un golpe con un tubo en la cabeza para noquearme en caso de que estuviera pasando el efecto de la anestesia local, pero ya era demasiado tarde... Me sentía adormilado por el tranquilizante que Lili puso en la línea que me habían canalizado minutos antes.

Esperaba sentir la inyección de la anestesia local, el bisturí cortando mi piel que según palabras de conocidos míos se sentiría como si me estuvieran pasando un pincel mojado con agua fresca, pero no sentí nada. Ni bisturí, ni inyección, ni el tiempo ni nada. De pronto sentí que recuperé lucidez, según yo a pocos minutos de iniciada la operación y vi que todos salían del quirófano. Yo bastante más alegre de lo habitual, como si estuviera bajo el efecto de cuatro cervezas pregunté: –Doctor ¿qué pasó? –Ya acabamos, compadre. –¿Y de qué tamaño era el quiste? –Como del tamaño de un limón. –Oiga doctor… -¿Qué pasó? –Gracias… -No hay de qué, compadre.

-Pecho-tierra me pasé a otra camilla. Bueno, más bien pecho-sábana, porque tierra era lo último que necesitaba mi herida que dejaron abierta para que cerrara de adentro hacia fuera. Recorrí pasillos del hospital en la camilla que empujaba un paramédico, sintiéndome Superman volando horizontal con respecto al piso. Llegamos a un cuarto donde me dejaron esperando unos segundos hasta que vi que me pusieron un plato con comida frente a mí, aunque no tan cerca como para poderlo tomar con mis manos.

-¡Hola Amorcito! ¿Cómo te fue? –¡Bien! –Le respondí a Aída cuando pude reconocer su voz. –¿Me acercas ese plato? –Ah, si tienes hambre entonces no estás tan mal… -Y todavía boca abajo, cuando me acercó el plato le quité el plástico transparente que cubría la comida y devoré la ensalada, el pollo con papas, el arroz y hasta las galletas Marías que se llenaron de la salsa del guisado de pollo. –Oiga, acaba de salir de operación y come que da gusto, ¿eh? –Dijo una enfermera que pasaba por ahí. –Sí, así es él. –Dijo Aída con una mezcla entre orgullo y pena. Cuando me terminé la comida Aída me acercó la bolsa con mi ropa y me dijo que era hora de irnos y yo con una sonrisa de oreja a oreja y todavía animado en exceso por el efecto de la anestesia pregunté cual niño pequeño que si no nos podíamos quedar otro rato… -No, ya pasó mucho rato, estuvo larga la operación, ¿eh? Para lo que te hicieron, no era para tres cuartos de hora. –¿Tres cuartos de hora? A mí me parecieron cinco minutos a lo mucho.

-Salí de la clínica caminando lentamente del brazo de mi suegra y vi que Aída para entonces ya estaba en el carro frente de la salida. Como no debía viajar sentado para no correr riesgo de infección, decidí acostarme boca abajo en el que me pareció un microscópico asiento trasero de un Ford KA, pues cuando pude dejarme caer, mis rodillas estaban tocando un extremo del asiento y mi nariz el otro. “Hasta parece secuestro express”, les dije cuando arrancamos hacia la casa. Cuando llegamos, subí las escaleras sin separar las rodillas y me dejé caer boca abajo sobre la cama para empezar a vivir mi convalecencia: Dormir boca abajo, comer boca abajo, trabajar y entretenerme con mi Laptop boca abajo y agarrarme de una toalla enredada en el toallero con una mano y apoyarme del tanque del excusado con la otra cuando quería ir al baño... ¡Caray! ¡Y todo por un triste pelo al que le dio la gana crecer hacia dentro!

- el güey de junto -