miércoles, 11 de febrero de 2009

De niñita llorona a legionario

Nunca se me había olvidado pagar un recibo de gas. Me preocupaba un poco porque al estar vencida la fecha de pago, me quedé sin la posibilidad de liquidar ese recibo desde la página de Internet del banco o en supermercado. Entonces me vería en la necesidad de realizar el pago directamente en las oficinas las cuales no tenía ni idea de dónde se encontraban.

Se me hizo fácil esperar el siguiente recibo que reflejaría el consumo del mes mas el adeudo, para entonces sí dentro de la fecha límite del nuevo recibo pagar por Internet como lo había hecho aquella vez con un recibo de agua con adeudos, sin embargo, para mi desgracia, los de la compañía de gas no son tan considerados ni tolerantes con la morosidad. Recibí el viernes en la mañana una llamada de mi mamá en la que me dijo que habían ido a cortar el gas y que había logrado persuadir al trabajador para que no la cortara en ese momento “Pero tenemos qué pagar ya en este momento directo en las oficinas del gas”.

En ese momento se me cerró el mundo y sólo podía pensar en los factores en contra: Ese mes me había tocado viajar todos los días hasta la fábrica de la empresa donde trabajo, ubicada en un pueblo a ochenta kilómetros de distancia de la casa; mi mamá no tenía la cantidad suficiente como para liquidar el adeudo y en aquél pueblo en donde yo estaba sólo había un banco que no coincidía con el de la única tarjeta de débito de mi mamá… Así que por alguna razón la primera idea razonable que se me ocurrió fue pedirle a mi mamá que fuera a mi trabajo a recoger parte de una cantidad de dinero que me debe una compañera para que de ahí me hiciera favor de pagar ese adeudo.

Recibí una llamada tres horas después. Era mi mamá diciéndome que después de recoger el dinero llegó a las oficinas del gas, pero que no pudo pagar porque no sólo le cobraban el adeudo, sino que además tendría qué pagar el consumo del mes en curso y con lo que traía no le alcanzaba. Además ya era tarde, casi cerraban las oficinas y por lo tanto no se podía hacer mucho. Le dije que no se preocupara, que iría yo a pagarlo el sábado temprano y que tal vez se resolvería todo sin pasar a mayores.

Una hora después otra llamada de mi mamá: “El vigilante me dijo que apenas salí, vinieron de nuevo los del gas y nos cortaron el servicio”… Me resigné pensando que al día siguiente sería sábado y ya en la ciudad me será más fácil poner todo en orden y ver lo de la reconexión del servicio.

El sábado me levanté temprano para ir a pagar el gas antes de mi clase de las once treinta. Metí mi toalla al baño, me desvestí y al ver la letra hache en la base de la llave de la regadera que hace alusión a la palabra “Hot”, recordé que el baño sería de agua fría. Nada del otro mundo, pensé. Alguna vez me he bañado con agua fría… Pero nunca helada… Porque no es lo mismo un regaderazo en verano que una ducha a conciencia en pleno invierno…

Abrí la llave, entré a la regadera y sentí el agua helada en mis pies. Se sentía como si quemara… Me mojé las manos e inclinando mi cabeza hacia delante me empecé a mojar el cabello… Tan corto por aquél corte de pelo que uso del cual por primera vez renegué, pues no fue de ayuda alguna para mitigar el cruel choque térmico entre mis capilares tibios y ese torrente glaciar.

El momento de lavar mis partes pudendas fue un calvario: Nunca dije tantas groserías en tan pocos minutos en toda mi vida, ni siquiera en la secundaria y por otro lado nunca vi mis partes tan contraídas y tan renuentes a cooperar. Recuerdo que al enjuagarme el jabón pensé: “¡Puta madre! ¡A ver si no me quedo estéril con este pinche frío!”…

No puedo decir que me fui acostumbrando al agua helada, pero sí podría decir que me resigné a continuar con el baño en aquellas condiciones. Conforme el agua escurría por mi espalda recordé aquél correo electrónico que contenía un chiste a modo de un supuesto test de hombría donde cada respuesta correspondía a un tipo de hombre… Una de las preguntas hacía referencia a los hábitos de aseo personal y la respuesta de “Se baña con sales y espuma en la bañera” correspondía a un hombre homosexual (dicho con un lenguaje mucho más soez); “Ducha de treinta minutos con jabón líquido” correspondía a la respuesta elegida por un mariquita; “Con jabón y shampoo” correspondía a un varón; y “Con agua helada” correspondía a legionario… ¿Legionario?… Por un momento pensé que ese era yo aquella mañana… Aunque para ser legionario tal vez huí demasiado del agua fría… “No, la verdad es que todavía estoy más en un nivel como de niñita llorona… Pero ya veremos mañana qué tal me va”, pensé.

Salí de la regadera temblando, con la respiración entrecortada, pero con cierto orgullo por no haber sucumbido a la tentación de no bañarme… Por estar en vías de convertirme en un macho legionario que no distingue un baño de agua fresca con uno de agua helada… Admito que la testosterona es un motivador increíble aunque nos hace cometer estupideces. Luego terminé de vestirme, fui a las oficinas del gas, pagué el adeudo, el consumo corriente y la reconexión de cuatrocientos dos pesos y una esperanza que oscilaba entre dos y cinco días hábiles... "Y cuentan a aprtir del lunes porque el sábado no hay cuadrillas disponibles", me dijo la señorita que atendía la caja... Caray, hasta el martes tendré gas si bien me va y si no hasta el viernes...

El domingo hice un poco de trabajo manual en la casa y para cuando se hizo de noche estaba yo cubierto de polvo de yeso de pies a cabeza. Tomar un baño era algo prácticamente obligatorio.

Ese segundo baño de iniciación a mi vida de vikingo fue menos traumatizante. Descubrí que si abría sólo un poco la llave era más fácil irme mojando unas partes sin salpicar otras, lo que hacía que el frío fuera menos difícil de soportar. En esa ocasión ya no dije groserías al lavarme aquellos pliegues y recovecos apretados como muéganos por el frío. “Macho legionario”, pensaba conforme me iba enjuagando con aquella agua helada…

Llegó el lunes y hasta entonces podría decir que me empecé a acostumbrar al agua helada. Ahora pude permanecer por completo hasta veinte segundos dentro del chorro de agua y sin quitarme con ese pasito tan poco varonil con el que me había movido días anteriores cuando ya no soportaba el agua en la espalda… Ya no era una como una niñita llorona aunque sabía que todavía me faltaba tolerancia al frío como para considerarme un macho legionario. Notaba mi progreso… Incluso pensé que si aún reconectándonos el gas adoptaba la filosofía del baño con agua helada contribuiría a no generar mucho dióxido de carbono por la combustión del calentador… Además como el chorro de agua que usaba era menor al habitual, ahorraría agua. ¡Caray! ¡Me sentía en vías de ser un macho legionario ecologista!

El martes, cuando saludé a mi mamá en la noche tras regresar de trabajar me sorprendió con la noticia de que ya había gas. Me sentí aliviado por poder cenar comida calentada en sartén aunque un poco decepcionado por sentir que se destruiría mi ritual de metamorfosis…

Esa noche me bañé de nuevo con agua fría y tuve la satisfacción de que pese a que el agua caliente estaba a mi disposición, prescindí de ella. Dicen que a todo se acostumbra uno menos a no dormir y a no comer… Y hoy mientras escribo estas líneas, sigo con intenciones de bañarme con agua fría esta noche… Pienso seguir dominando el arte viril de la tolerancia al agua fría. De hecho, ahora que lo pienso, no hay nada más masculino que un buen baño de agua helada después de cenar chocolate caliente y una rebanada de pastel de fresa… Pero bueno, ya fue mucha palabrería… Es hora del baño.

- el güey de junto -

lunes, 9 de febrero de 2009

La mistica y magica Pinta a Xochicalco!

Ayer sabado 7 de Febrero fallecio el autonombrado etnomusico Michoacano Jorge Reyes, al parecer victima de un paro cardiaco fue encontrado sin vida por su esposa Arianne Pellicer.

Desde el exilio un ultimo adios al maestro, al musico, al investigador, al compa Chopero e inspiracion de muxos! BUEN VIAJE!

seria un miercoles tal vez, cielo limpio y un dia soleado en Xochitepec donde se encuentra el CETIS 43 dias tales como lo son comunmente en el estado de Morelos.

Tempranito ya me habia "volado"la primer clase y por ello me ocultaba de los rondines de los profesores en la parte trasera de las aulas mas retiradas del plantel. En akel rincon y sentado en el suelo fije mi mirada hacia el gran cerro ke se encontraba a la distancia y en el ke se encuentran las ruinas de Xochicalco. Buske en mi morral de yute el horario de clases de ese dia y confirme lo ke ya sabia de antemano, me las podia volar tambien, de hecho me podia volar todas.
La mision? aventarme un viajecito a pie hasta Xochicalco desde Xochitepec e ira tomar energia solar al centro ceremonial mas importante no solo de la cultura Tlahuica sino de la region entera.
Espere ke terminara el modulo ke estaba en curso para ir a buscar al "Cerezo" uno de mis mejores amigos y ke sabia ke si invitaba al viaje no me diria ke no ya ke compartiamos el gusto por todo akello ke tubiera ke ver con nuestras raices y las culturas prehispanicas, escribiamos juntos en el folleto "madre tierra" de la escuela ke hablaba del tema y ademas era el ke traia los casetitos de Jorge Reyes ke complementaban de super lujo la travesia por el tipo de musica unica en su genero ke interpretaba y ke mezclaba la musica electronica con instrumentos prehispanicos.

Al plantearle la idea, el Cerezo no lo dudo sikiera por un segundo y de inmediato nos pusimos en marcha hacia el lugar. la primera parte de la caminata ke seria bastante larga daba inicio en los sembradios de maiz ke se encontraban en la parte trasera del cetis, atravesarlos era simple, lo dificil era caminar sobre los restos del viejo acueducto ke se eleva unos 15 mts del piso y ke llevaba a los sembradios de flores de jamaica ka a veces estaban vijilados por algunos campesinos keno nos kerian bien a los estudiantes revoltosos del cetis, esos 15 mins de camino nos dejaban al borde de la carretera federal ke lleva a Alpuyeca y en cuyo crucero pediriamos aventon hasta el crucero del pueblo de Xochicalco y de ahi a trepar la ladera del cerro hasta llegar al centro ceremonial.
No llebabamos ni 5 mins caminando sobre la carretera hacia el punto akel cuando un datsun 501 de color azul cielo se detuvo adelante de nosotros orillandose y abriendo la puerta del pasajero.

-para donde van chavos?- nos dijo con una sonrisa amable y en un tono ke nos dio confianza
-vamos para Xochicalco- conteste apresuradamente
-subanse, les doy un raite hasta el crucero de Xochicalco yo vivo en Alpuyeca pero los dejo hasta alla, ta duro el solazo no?-

ni tardos ni perezosos nos subimos de un salto al carrito e inicaimos la marcha por la carretera arida y desierta por la temprana hora de la mañana. Otros 5 mins mas tarde el conductor saco de un costado de su asiento, una botella larga y delgada ke nos extendio:

-orale! denle un trago, esta chingadera esta de poca!-
inconfundible botella de Tekila Cuervo especial, pero a las 7:30 de la mañana era una hora poco decente para beber tekila y conduciendo por una carretera a solas no era definitivamente una buena idea, y ademas todo el asunto no nos daba buena espina ni sabiamos si el camarada akel estuviera en las mejores condiciones para manejar el auto y ademas comprometia nuestra seguridad y hasta el exito de nuestra expedicion, chin! habia sido mala decision haber aceptado el aventon. Preocupados y en silencio, mientras el amigo akel seguia dandole tragos de vez en cuando a su botellita, nosotros en silencio haciamos planes de evacuacion ke nos dieran un escape seguro, kiza pedirle se detuviera para ir al baño o en el caso mas extremo aventarnos del carro en movimiento en alguna curva o algo asi; estabamos tan embebidos en nuestros pensamientos ke nos nos dimos cuenta de la hora en la ke llegamos al crucero de Alpuyeca. Famoso por la venta de nieves y jicamas con chile ke por cierto yo siempre he afirmado ke no sabrian tan sabrozas si no fuera por ke las lavan con agua del apantle de riego ke pasa a un ladito de la carretera, ah! eso me recuerda tambien la tan deliciosa agua de horchata y de coco ke venden en bolsitas de plastico con el popote aparte, hijole ya se me hizo agua la boca solo de recordarlo, ojala ke eso aun no se haya perdido y esa deliciosa tradicion aun continue.

En fin, ahi en akel crucero nuestro benefactor se detuvo y nos pidio bajaramos, despues de ofrecernos una disculpa por no poder llevarnos hasta donde nos habia dicho, argumentando:

-no he dormido en toda la noche y los 3/4 de litro de tekila ke me chupe en el caminito me cayeron mal y la neta es ke no kiero darle algun rasponcito a mi carcacha-

Respiramos mas trankilos pero pusimos cara de "chin, a caminar"pero nos presento a "Pancho" su compadre ke manejaba un taxi colectivo y ke nos llevaria hasta el crucero de xochicalco ke era una de las paradas intermedias en su ruta a Miacatlan

-no les cobres compadre son mis amigos-

le dijo al conductor ke con una mueca de desaprobacion nos dijo ke nos metieramos al taxi, con nosotros se llenaba su auto. En el interior del taxi habian otras 3 personas ke tambien arrugaron sus rostros al ver ke los acompañariamos en parte de su viaje.
Apretados, incomodos, sudando la gota gorda y en un incomodo silencio llegamos al crucero como en 20 mins. el taxi se orillo y sin apagar el motor sikiera, jalo una cuerda ke tenia en el tablero frente a el y ke abria la portezuela del pasajero, tanto adelante como atras. Nos bajamos, agradecimos y como por impulso magico aunke sin saber por ke, corrimos hacia el otro lado de la carretera como escapando de algun peligro:

-no manches, ke tal si nos hubiera violado el borracho ese- me reprendio el Cerezo
-pues nos hubieramos apurado mi chavo, para ke terminara rapido el asunto- le dije bromeando para relajar la situacion, el mal trago ya habia pasado y estabamos ya a escasos minutos de nuestro destino.

continuara!

martes, 3 de febrero de 2009

Catástrofe (epílogo)

Tras la catástrofe previamente narrada, hago la siguiente actualización a modo de "recuento de daños":

Sr. Yap dice:
Hola

-el güey de junto - dice:
¡Hola! ¿Cómo te va?

Sr. Yap dice:
Bien, bien. Te tengo noticias.

-el güey de junto - dice:
Ok, ¿cómo estuvo la cosa?

Sr. Yap dice:
No pude accesar a él. Está descalibrado. El siguiente paso es llevarlo a EU.

-el güey de junto - dice:
¡Zaz! ¿Y qué implica todo eso?

Sr. Yap dice:
Es costoso.

-el güey de junto - dice:
¿Qué tanto? ¿Cobran por evento? ¿Por mega rescatado?

Sr. Yap dice:
50 dólares la hora.

-el güey de junto - dice:
Suena un poco subjetivo... Je je je... ¿Y típicamente cuántas horas toma un trabajo así?

Sr. Yap dice:
Mínimo unas 8 a 10 horas.

-el güey de junto - dice:
¡Zaz!

Sr. Yap dice:
Sí.

-el güey de junto - dice:
Pues ni modo, a guardarlo hasta que haya lana para recuperar eso...

Sr. Yap dice:
Eso te iba a recomendar, si no te urge, espérate.

-el güey de junto - dice:
Pues sí, lo bueno es que mi esposa me lavó el coco y ya casi no lloro cuando me acuerdo... Je je je...

Sr. Yap dice:
Jajajaja....

-el güey de junto - dice:
Bueno, entonces así le hacemos. Quedamos en contacto y te digo qué onda cuando se pueda. ¡Gracias!

Sr. Yap dice:
No hay de qué. Saludos.



Y así, mis preciadas posesiones digitales y mis invaluables recuerdos virtuales no se fueron por el caño. Sólo se quedaron suspendidas en un limbo de aluminio y baquelita... Hibernando... Esperando a que un día con menos deudas, más ocio y un aire de melancolía y nostalgia me diga: "¿Qué haré con estos setecientos dólares? ¡Ya se! ¡Comprarme una computadora portátil! ¿O... recuperar esos bits de mi viejo disco duro? ¿Qué tenía ahí? ¡Ya ni me acuerdo!"

- el güey de junto -

lunes, 26 de enero de 2009

Catástrofe

La escena era horripilante: Mi disco duro externo caía desde la mesa hasta el suelo y no hubo nada que se interpusiera entre su previo estado de reposo y el estruendoso impacto del aluminio contra el duro piso de azulejo que hizo eco en toda la habitación. Casi lo pude ver caer en cámara lenta…

Lo siguiente que recuerdo es una visión borrosa de mis manos tratando de reconectar el cable de corriente del disco y mi dedo índice oprimiendo el interruptor de encendido… La luz del disco enciende… Parpadea… Parece que el disco funciona porque percibo las vibraciones típicas del disco girando… Pero después no sucede nada. Mi computadora no parece percatarse de que hay un disco ansioso de ser leído y en ese momento de aquella cajita de aluminio que contiene el disco escucho una serie de “tics” intermitentes a cada tres segundos que vaticinan lo peor… Pero las altas horas de la noche me impiden pedir auxilio.

Pasé la noche haciendo un inventario específico de todo lo que estaba en ese disco. ¡Era toda una vida! Dieciocho gigabytes de música de los cuales al menos tres contienen música difícil de conseguir; seis gigabytes de puros archivos de la escuela: Toda la licenciatura y lo que llevo de la maestría; nueve gigabytes de fotografías: Cientos de ellas personales e irrecuperables, otras tantas con pretensiones artísticas que tomé para el grupo de fotografía al que pertenezco; doce gigabytes de programas; un gigabyte y medio de documentos personales entre los cuales están los planos de remodelación de la casa, un archivo con mis contraseñas y claves de acceso, estados de cuenta del crédito hipotecario y algunos ensayos que escribí hace varios años; dos gigabytes de proyectos de diseño gráfico para los que fui contratado y que me servían para mostrar a clientes potenciales la calidad de mi trabajo; cuatro gigabytes de archivos del trabajo; siente gigabytes de tipografías, imágenes de texturas de diversos materiales y recursos multimedia… Y la lista seguía, pero entre tanto gigabyte me quedé dormido.

A la mañana siguiente y a primera hora contacté al Señor Yap: Infalible fuente de soluciones informáticas… Especialmente aquellas en las que no basta tener instrucción de otros expertos a larga distancia y este caso por supuesto que ameritaba recurrir a su experiencia. Para resumir la plática con el Señor Yap, el disco no debía ser encendido porque podía rayarse más y al llevarle el disco haría un diagnóstico para ver si él podía repararlo o de lo contrario, él tendría qué llevarlo con especialistas que en un laboratorio de ambiente controlado harían cirugía a corazón o más bien a disco abierto para hacer una recuperación de emergencia, pero el proceso era tardado, costoso y no garantizaba la integridad de los archivos recuperados. Nos veríamos el fin de semana para así yo entregarle el disco y esperar lo mejor.

Esa noche cuando mi esposa me preguntó si estaba preocupado por algo, le dije que sí y le detallé la catástrofe…

-La música, los programas, las imágenes con texturas de materiales tipografías y esas cosas no me preocupan, son reemplazables, pero tengo ahí todos los archivos de la escuela, incluido lo de la titulación y la carrera y… -¿Te refieres a los archivos de la licenciatura? -¡Sí! Todos mis proyectos de todos los semestres… -Pero… ¿Para qué te servirían ahora? Ya estás titulado. Además seguro que puedes hacer mejores diseños … -Sí, pero no sólo es eso. También estaba lo de las materias de maestría que llevé el tetra pasado… -¿Y no le puedes pedir esa información a tus compañeros o a tus maestros? ¿O conseguir libros sobre esas materias? –Bueno, sí, pero también tenía las fotos del grupo de fotografía… ¡Imagínate! Si quisiéramos exponer nuevamente material pasado ¿Cómo podría reimprimir esas fotos? –Pero en ese caso ¿no podrías reponer esas fotos con unas mejores? –Tal vez sí, pero también hay fotos de amigos a los que difícilmente podré volver a ver… -Bueno… Pues… A ellos los llevarás siempre en tu corazón…

-Entonces la volteé a ver y vi que ella apenas podía contener la risa después de pronunciar aquél cliché tan ridículo y en ese instante yo tampoco pude contenerme y mi drama se desmoronó entre carcajadas y cosquillas… Cuando mi esposa recuperó el aliento me preguntó sonriendo con cierto sarcasmo si ya se había terminado la tortuosa lista de pérdidas o si tenía reservada todavía alguna peor que las anteriores… -Sólo estoy tratando de animarte y de ayudarte a ver que si la información es irrecuperable no es el fin del mundo. -¿En serio? Pensé que sólo tratabas de minimizar la importancia de lo que tenía ahí… Y minimizar mi sufrimiento… -Es que cada vez que te digo algo me sales con algo peor… -¡Es que todo eso perdí! -Entonces mientras ella me acariciaba la cabeza como quien acaricia a un perro lastimado me dijo: -Bueno, si quieres sufrir, está bien… ¡Es horrible! ¡Jamás recuperarás las fotos de tus amigos de la infancia los cuales a lo mejor tal vez algunos ya murieron!… ¿Así está mejor?

-Nuevamente no pudimos contener las carcajadas y para cuando nos estábamos recuperando del ataque de risa, mi esposa se acomodó la almohada y me dijo que se estaba desmayando de sueño. Le di un beso de buenas noches y encendí la tele y mientras veía aquella película épica a la que ya no le puse atención no dejaba de pensar en que lo que me había dicho mi esposa era cierto. Incluso pensé que si el disco no podía ser reparado por el Señor Yap, no valdría la pena invertir mucho dinero en algo que en realidad no me era indispensable y que simplemente se trataba de un gran apego emocional y una compulsión acumulativa… Y fue así como el humor negro de mi esposa hizo que la catástrofe dejara de ser tan… Catastrófica.

- el güey de junto -

viernes, 23 de enero de 2009

Yo si le creia!


kien sabe por ke extrañas artes, anoche me vino a la memoria, asi como en un "dejavu" el informe de gobierno akel ke hiciera tan famoso al otrora ilustre Don Jose Lopez Portillo (kepd) quien tambien por algunas oscuras artes ocupara la Presidencia de Mexico.
Era yo un pekeñuelo, aunke bueno no lo he de haber sido tanto ya ke estaba viendo el informe en la tele; kiza me lo dejaron de tarea en la secundaria o algo asi, o en el peor de los casos, lo estaba viendo por tener material pa la polemica con mi padre, ke dicho sea de paso siempre ha sido un adepto del analisis y participacion directa de la vida politica nacional, aunke kiza por nacional se pudiera entender la nacion ke le representa su familia y su entorno inmediato, y eso de ponernos a cotorrear acerca de la "grilla" de la politica mexicana se nos hizo una costumbre a veces no tan grata, kiza debido al hecho de ke nuestros puntos de vista recurrentemente han sido como polos opuestos a pesar de tener ambos ... la sangre roja.

Pues como les decia, era un chamaco a penas cuando me encontraba concentradisimo en el informe de Gobieno de don Porpillo, recuerdo vagamente ke entre bostezo y estiron anotaba datos estadisticos y breves comentarios al margen de mi libreta y de vez en cuando le daba un vistazo a mi Jefe, ke obviamente estaba mucho mas clavado en el show ke yo, movia la cabeza de un lado a otro en señal de desaprobacion y entre las risitas y las muecas soltaba una ke otra maldicion entredientes por ke ademas en akellos tiempos en mi casa no estaba permitido decir groserias.
yo seguia imitando las acciones de mi papa al tiempo ke tomaba notas y anotaba numeros y cifras ke la verdad, hoy ni recuerdo pero estoy seguro ke en akel entonces tampoco les entendia ni madre.

Recuerdo tambien ke la tele en blanco y negro en la ke veiamos el informe la habiamos puesto en una mesita cerca de la puerta ke daba a la azotea, no se bien si lo hicimos asi por ke era un dia caluroso de esos ke saben muy rico alla en la ciudad de la eterna primavera Cuernavaca Morelos o por ke la puerta ke era de lamina le servia de amplificador al alambre retorcido ke hacia las veces de antena de conejo en la tele. ahi estabamos, dos generaciones de khaos viendo el informe presidencial en la tele, nuestros vasos rebozantes de coca cola y un chingo de hielos, sentados en nuestros bankitos improvisados hechos de "huakales" del mercado, esas cajas de madera en las ke se contienen verduras y legumbres y abanico hecho de un ejemplar completito del "universal" ke los domingos venia super gordo ya ke la informacion oficial escrita, tambien sirve para refrescarse no?
no se por ke tengo tan presente akel dia y tampoco se por ke solo recuerdo la imagen mia y de mi papa siguiendo el informe tan de cerca, no se tampoco por ke no puedo recordar kien mas estaba ahi o mejor dicho no puedo aclarar en mi mente por ke no tengo el recuerdo de nadie mas en la escena, lo ke si recuerdo muy bien fue el momento ke grabo para siempre en mi memoria akel evento.

mi papa subitamente se levanto de su "huacal" y casi tira al suelo su vaso de coca, dirigiendose rapidamente a la television para subir el volumen y de paso darle una ajustadita al a alambre para afinar la imagen, acto seguido se llevo las manos a la cintura y me indico en forma imperativa guardar silencio. En la pantalla un Lopez Portillo con en rostro desencajado y muy emocionado gritaba con un puño en el aire, mientras se dirigia a toda la nacion " DEFENDERE EL PESO COMO UN PERRO" decia, mientras un par de sendas lagrimotas le escurrian por los cachetes.
era increible, yo estaba muy impresionado, me impacto profundamente el ver al presidente de mi pais llorando y vociferando ke defenderia nuestro "varo" como un verdadero perro, yo no atine a decir palabra, un confuso mar de ideas hacia remolinos en mi cabeza mientras escuchaba decir a mi papa en un tono de voz burlon y esceptico ke ya le conocia un par de palabras ke nunca antes habia pronunciado frente a mi... "PINCHE PUTO" y despues de eso una retahila de frases ke denotaban su enojo y desaprobacion hacia akello ke el llamo en eso momento, una farsa.

yo no entendia bien ke pasaba en realidad, pero el presidente estaba llorando y se veia bien encabronado, yo sentia ke el estaba al mando del ejercito y ke como pomandante supremo estaba a punto de iniciar la guerra en contra de esos rufiannes ke kerian...kerian... uta ke kerian los rufianes? no sabia pero si el presidente se volveria un perro pa defender el "varo" lo menos ke podia hacer yo, era ponerme de su lado...

me paso lo ke a la Trevi pues y casi casi cante akella rola ke dice ...le creo, lo ke me diga le creo y si me dice ke la luna es de keso, me cae de a madre ke le creo...

en mi inocencia infantil me senti convencido, me senti de su lado, le compre la historia. y asi fue como empece mi crimial carrera en el PRIismo, chin! ya me balconee, lo bueno es ke era solo un niño.

debo aclarar ke ahora de grande ya cambie! y ke aun no descubro ni por ke estaba viendo el informe ni tampoko por ke me acorde hoy! ...xispas!

me la dejo de tarea ojala ke algun dia lo descubra!

viernes, 16 de enero de 2009

Coincidencias y reflejos en la ventana ( 2 )

Continúa desde aquí.

En fin… Nada de eso sucedería porque no volvería a verla… O eso pensaba yo…

Pasaron los días y la casualidad no convino en ponerme en los mismos camiones que a ella y aunque eso hizo que fuera perdiendo el interés en vivir otro destello de casualidad, alguna vez me reproché el haber desaprovechado las dos oportunidades que tuve para intercambiar direcciones de correo o al menos preguntarle su nombre a quien a todas luces sería una persona interesante.

Finalmente hace pocos días subí a un camión al salir del trabajo y habituado a no encontrarla, no hice mucho por tratar de reconocerla de entre los demás pasajeros y me enfoqué más bien hacia el primer asiento vacío que vi. Caminé hacia él y casi al llegar, un flashazo castaño y turquesa me dijo que ahí estaba a quien yo buscaba… Justo a mi lado, aunque el flashazo llegó un poco tarde porque yo ya estaba prácticamente atrás de ella y nuevamente esa combinación de sentimientos que oscilan entre la pena, la mesura y la odiosa culpa me hicieron no dar esos dos pasos en reversa para poder verla a los ojos y hablarle, sin embargo el asiento al que me dirigía era uno de aquellos asientos individuales y estaba justo atrás del de ella.

Creo que no me vio. Yo confirmé que era ella tras tratar de distinguir sus facciones a través del pálido reflejo de la ventana y pensé que todo el viaje transcurriría así: Yo con la intención de conocerla pero conteniéndome y ella sin voltear atrás y tal vez ignorando que sentado atrás de ella venía la persona a la que le había cargado la mochila, saludado, sonreído y topado por segunda vez en un ridículo alarde de casualidad.

Minutos más tarde otra señorita se paró junto a mí. Volteé hacia atrás y al percatarme de que no habían asientos vacíos, me puse de pié y le cedí el asiento, entonces como si fuera un ritual karmático, aquella joven también atractiva y de piel canela me dijo ¿Te ayudo con tu mochila? Y entonces recordé que así había comenzado aquel peculiar contacto unas semanas atrás y respondí que sí, le di las gracias, una sonrisa y el aviso de que la mochila que estaba por encomendarle estaba un poco pesada y que esperaba que no fuera molestia. En ese momento como si mis palabras hubieran sido un detonador, la joven de castaño y turquesa volteó a verme y con la familiaridad de alguien que habla con su vecino me dijo: “No te vi subir”… ¿Hoy saliste más tarde?”.

En ese momento no supe exactamente qué contestar, pues por un lado mi horario de trabajo no es tan riguroso y aunque tengo una hora de salida, no salgo siempre a la misma hora aunque esas eran demasiadas explicaciones y no tenía sentido hacérselas saber. Por otro lado el hacerme ese comentario implicaba que además de reconocerme, ella no intentaba disimular que de haberme visto subir al camión, me lo habría hecho saber… Después de pensar en eso me limité a decir “Sí, un poco tarde y ¿Tú?” y ella me dijo que sí, que había salido un poco tarde y me reiteró que no me había visto subir.

Los siguientes minutos transcurrieron dando marco a una conversación común y corriente, aunque se percibía interés por la plática, pues ella venía con la cabeza torcida y yo me inclinaba un poco para escucharla mejor, aunque a pesar del interés, los temas eran tan triviales como hablar del clima o comentar el hecho de que tenemos qué atravesar la ciudad para ir de nuestra casa a nuestros respectivos trabajos. Después pasamos a preguntas que aunque más personales, seguían siendo triviales, así que supe que ella se llamaba Edith, que tomaba el camión un kilómetro antes que yo y que no era asistente de cirujano o instrumentista en algún quirófano, sino que trabajaba en una clínica de depilación láser y ella supo que yo tomaba el camión bajo el puente Miravalle y que vivo con mi esposa. Luego supe que era madre soltera y que vivía en una colonia cerca de la mía y ella supo que yo vivía en la colonia que está pegada al cine y antes de saber algo más de lo que yo le iba a decir, quiso saber por qué me bajaba del camión antes de llegar a donde vivía o que si lo hacía porque me gustaba caminar… Y supe que cuando me bajo antes del centro comercial, el camión da vuelta a la derecha y después de cinco cuadras se regresa por la misma calle y da vuelta en el centro comercial y sigue su camino pasando por enfrente del camellón de la colonia donde vivo, lo que me ahorraría medio kilómetro de caminata. Entonces ella supo (o más bien dedujo) que yo no conocía bien el rumbo, ni las rutas de camión de la zona y que aunque me gustaba caminar, ahora bajaría del camión frente al camellón.

En ese momento la joven que me ayudaba con mi mochila y a quien pude observar que nos miraba a ambos sin entender si nos acabábamos de conocer o no, me avisó que iba a bajar en la próxima parada, así que tomé mis cosas y le di las gracias. Cuando dejó el asiento me senté en su lugar y seguí platicando con Edith.

Catorce cuadras después cedí nuevamente mi asiento a una señora que no se ofreció a cargar mi mochila, pero dos cuadras más adelante, se bajó el señor que venía sentado junto a Edith y aproveché para sentarme junto a ella.

Lo curioso es que conforme seguimos platicando, me fui dando cuenta de que la había idealizado: La forma en la que hablaba, las repetidas ocasiones en las que me decía que tal cosa “le daba hueva”, su timbre de voz, los temas de conversación que se tocaban y el saber que su máximo era salir con sus amigos sin un latoso esposo que le anduviera pidiendo cuentas me convenció de ello. De hecho tras muchos de aquellos comentarios similares yo sólo preguntaba “¿En serio?” para así no pronunciarme a favor ni en contra y evitar entrar en polémica… Y no es que no me guste la polémica, de hecho me gusta debatir y exponer mis puntos pero en ese momento no me interesaba. No tenía el más mínimo interés en recomendarle aprender a manejar estándar en lugar de automático ni tenía ganas de saber dónde estaba la casa que iba a comprar con su mamá con los puntos de Infonavit de ambas.

Resultó que ella distaba mucho de lo que había imaginado… Y tal vez el chasco nos lo llevamos ambos. Tal vez yo esperaba a alguien más interesante con quien pudiera intercambiar correos y tener amenas pláticas sobre temas interesantes y tal vez ella esperaba a alguien que le hablara de antros, de salir a echar relajo y que aún casado compartiera la idea de que el matrimonio “daba hueva”.

Cuando me paré para hacerle la parada al camión y bajar justo enfrente del camellón, me despedí de Edith con una sonrisa cordial y entendí que tal vez lo único que aprendería de ella sería precisamente dónde debía bajarme para no caminar de más y esta vez, a diferencia de las otras dos ocasiones en las que viajamos juntos, no me pregunté si algún día habría de verla de nuevo… Incluso conforme recorría el frío pasillo de metal del camión iluminado con barras de luz neón, no me preocupó en lo más mínimo el estar próximo a usar auto todos los días y entonces sí no volver a verla jamás.

- el güey de junto -

miércoles, 14 de enero de 2009

Coincidencias y reflejos en la ventana ( 1 )

Cierta noche al salir del trabajo tal vez hace dos meses, subí a un camión de la ruta doscientos dos que me llevaría a mi casa.

El camión no estaba muy lleno, pero al menos lo estaba lo suficiente como para ir de pié sin posibilidad de tomar un asiento. Eso no me preocupó, pues entre la hora con veinte minutos que suele durar el viaje ya habría oportunidad de encontrar un asiento que se desocupara.

Unos minutos después, me di cuenta de que iba parado junto a una señorita que también iba de pié, de piel clara, cabello castaño un poco desaliñado, ni pizca de maquillaje, tenis blancos y pantalón color turquesa, lo que me sugirió que tal vez era instrumentista, asistente de quirófano o algo relacionado con el ramo médico. Aunque me pareció atractiva no le di importancia y seguimos parados justo enfrente de donde las hileras de asientos ya no van de dos en dos, sino sólo asientos individuales que ayudan a que el pasillo sea un poco más amplio.

Tal vez a la tercera parte del camino se desocupó uno de esos asientos individuales que estaba frente a mí, el cual cedí a la señorita del pantalón turquesa. Ella al sentarse con una sonrisa apenas perceptible me ofreció ayudare con mi mochila, la cual le pasé dándole las gracias y de paso justificando la molestia que le daba diciéndole que la mochila estaba muy ligera.

Transcurrieron los minutos y aunque no cruzamos palabra en todo el trayecto, llegamos a cruzar miradas fugaces un par de veces a través del reflejo de la ventana. De pronto noté que ya habían varios asientos vacíos, así como el hecho de que yo seguía de pié cerca de ella y como en ese momento se desocupó otro de los asientos individuales justo adelante del que ella ocupaba, aproveché sentarme ahí, no sin antes haberle dado las gracias y tomar mis cosas.

Cuando por fin llegué a la parada donde me bajo normalmente, noté que ella todavía seguía sentada atrás de mí, lo cual me llamó la atención por el hecho de que son prácticamente las últimas paradas de la ruta, pues vivo en las afueras del área metropolitana de Monterrey. Cuando me puse de pié para ir a la puerta de atrás me despedí de ella con una tenue sonrisa y un breve gesto de Adiós con la mano. Bajé del camión, noté cómo me miró desde la ventana mientras yo fingí mirar hacia otro y llegué a mi casa, donde le comenté a mi esposa a grandes rasgos el gesto amable de la joven que me ayudó con mi mochila. “Qué bien, no hay muchas mujeres con esas atenciones”, dijo Aída.

La noche siguiente tomé el camión y no pude evitar el escudriñar rápidamente a las personas que viajaban en él, buscando a la señorita de la noche anterior. Tal y como lo dictaba el sentido común y las probabilidades estadísticas, ella no estaba en el camión, sin embargó sí habían muchos asientos desocupados. Ocupé uno y siguió transcurriendo el viaje.

A la mitad del recorrido noté que el camión en el que viajaba, circulaba alcanzando a otro de la misma ruta y platicando cuando los semáforos en rojo los alineaba y sin poner mucha atención alcancé a entender que el otro camión tenía algún tipo de falla y su chofer le pedía al otro transferir a sus pasajeros para desviarse de la ruta y llevarlos al andén, así que se detuvieron ambos camiones y vi cómo empezó a subir gente por la puerta trasera. No puse atención a la gente que subió aunque no fue tanta, pues cuando el camión arrancó noté que varios asientos incluido el que estaba pegado al mío siguieron desocupados.

Yo iba sentado justo junto a la ventana y mirando a través de ella. Observaba a la gente, los autos, los negocios, una que otra falda llamativa y los anuncios luminosos de las fachadas, pero cuando el camión pasó frente a un lote baldío, la oscuridad hizo que enfocara más bien el reflejo del vidrio que me devolvía la vista del interior del camión que venía bastante iluminado… Eso hizo que notara que a la misma altura del asiento en que yo viajaba pero junto a la ventana opuesta, venía la misma señorita del pantalón turquesa.

Volteé hacia donde ella estaba y por casualidad en ese momento ella también volteó a verme y aunque no se si se sorprendió tanto como yo por la coincidencia del encuentro, ambos nos saludamos con ademán tímido… Como si ella tratara de justificar lo fortuito del encuentro diciendo “Te aseguro que no te estoy siguiendo” y yo Soy felizmente casado, pero admito que me sorprende y agrada la coincidencia”.

La simple idea de hacerle plática me traía a la mente escenas en las que ella se sentiría incómoda o acosada a pesar de lo muy inocente que pudiera ser el tema de la plática o por muy blancas que fueran mis intenciones de hablarle. Me quedé en mi lugar, mirando nuevamente hacia la ventana y me resigné a la posibilidad de platicar con ella y tener una amistad.

A través del reflejo del vidrio, vi que me volteó a ver un par de veces, luego sacó una pequeña libreta y empezó a escribir en ella. No se si fui ingenuo al pensar que probablemente escribiría su correo electrónico o algo parecido para dármelo cuando me bajara, el caso es que cuando llegó el momento de bajarme, le dije adiós, me puse de pié, intercambiamos sonrisas y bajé del camión sin recibir una nota o algo por el estilo.

El día siguiente no la vi en el camión y tampoco los siguientes. Me conformé con comentar el asunto con un par de amigos y recibir comentarios sobre lo curioso de la coincidencia y lo miedoso que había sido por no hablarle. Siguieron pasando los días y pensé que no la volvería a ver, lo cual pensé, sería una pena, pues seguramente hubiera tenido una plática interesantísima sobre dudas que tengo sobre procedimientos quirúrgicos o anécdotas de quirófano. Tal vez incluso podría hacerla coincidir con mi amigo Miguel a quien entre juego y realidad le tratamos de conseguir pareja… En fin… Nada de eso sucedería porque no volvería a verla… O eso pensaba yo…

Continuará…

- el güey de junto -

martes, 13 de enero de 2009

Ni tan Burris!


Despues de el escandalo ke genero a nivel mundial el hecho no comprobado de ke el camarada jodovich o como se apellide, puso en subasta el escaño ke desocupo el ahora preciso de los "Yunaites" El buen pelochas Barak Obama; ahora llegara al silloncito akel ke aflojo el biyuyo mas pachon! y como de chiste de Rius... en nuevo "chocolate" se apellida Burris! jajajaja

Ni tan Burris verdad? ya ven como si estamos latinizando el pais del norte!
Ke viva la raza!

lunes, 12 de enero de 2009

la parafilia de Lucas Parte 2


Después de los extraños eventos, el primer sospechoso fue “blackie” el perro de la casa, sin embargo no se le pudo probar nada y por lo tanto, no se le aplico castigo alguno. El mismo episodio se repitió algunos días mas tarde y en esta ocasión sospechábamos del gato, pero en el análisis y estudio del caso también nos faltaban pruebas ke inculparan definitivamente al sospechoso en turno así ke desistimos también. Por la lista pasaron la mayoría de los animales de la casa y hasta llegamos a inculpar a ciertos primos y visitas frecuentes ke como en los otros casos, jamás llegamos a comprobarles absolutamente nada. Nunca nos paso si kiera por la mente la idea de ke detrás de las extrañas noches del corral hubiera una terrible historia romántica, una oscura y lodosa pasión, la mas insólita e irreverente acción torcida jamás perpetrada por ser vivo alguno… La parafilia de Lucas.

Serian como las 10.30 de una iluminada noche en la ke salí a ponerle veneno a los ríos de hormigas ke atacaban los árboles de limón de la huertita ke rodeaba el corral cuando descubrí a Lucas saltando por una ventana de la casa y dirigirse rápidamente hacia el lodazal. Lo vi de espaldas así ke solo atine a pensar ke se habría metido buscando el calor de la casa o kiza algún bocadillo “gourmet” que pudiese encontrar a la mano. Sin embargo me dio curiosidad escuchar el ruido ke hacia Lucas y me dirigí hacia donde estaba el pato.
Kede atónito, frente a mi estaban los dos, tendidos en el suelo en medio de un claro en el lodazal, iluminados por la luna llena y amenizados por un concierto de grillos, metidos en una ardua e incomoda faena ke tenia a Lucas temblando y graznando de una manera extraña. Aleteaba intercalando velocidades diferentes mientras rítmicamente bajaba y subía su pecho y mantenía su parte trasera hacia abajo moviéndola de adelante hacia atrás. En su éxtasis, Lucas no advirtió mi presencia y continuo su faena sin percatarse de este impactado espectador. La luna se reflejaba en su brillante plumaje negro y con aquel mismo fulgor me permitía ver claramente el también negro terciopelo negro ke forraba el cuerpo de su amante. Ahí estaba el pato, apurado y extasiado llevando a cabo su sueño erótico. Montado encima de ella y copulando a la sustituta hembra que la naturaleza y nosotros los humanos, le habíamos negado hasta entonces. Lucas pasaba sus noches …feliz!

Habiéndose descubierto el secreto comportamiento del pato Lucas, se resolvía por fin el extraño caso ke nos había tenido acusando a todo el mundo. Después de la primera vez, la tía Cletita solo se rió al enterarse de la verdad y argumentando ke el uso de la susodicha no podía evitarse, ella siguió usándola como si nada hubiera pasado “ solo tiene un pokito de lodo” dijo.

El evento se repitió varias veces sin ke nadie pudiera, o tal vez; kisiera hacer nada al respecto.

En mi mente aun retumban akellos recuerdos nocturnos. El plumaje de Lucas y la piel aborregada del interior del negro terciopelo de la improvisada amante de Lucas…La chancla de la tía Cletita!. Esa misma chancla ke no dejaba de usar por ke le protegía como ninguna otra del frió del suelo y del consiguiente dolor de juanetes. Esa misma chancla ke ponía debajo de la cama y ke Lucas acudía a rescatar noche tras noche, llevándosela en su pico y sorteando obstáculos como la ventana, el perro, la tranca del corral y la moralidad de los demás animales ke no dejaban de acusarlo con sus fijas miradas.

Lo mas impactante fue descubrir ke en el día Lucas seguía con la mirada los pies de la tía Cletita, la seguía por todo el jardín, el corral y al entrar a la casa. Lucas había estudiado cuidadosamente la rutina de la chancla, o mejor dicho de la tía y aprendió sus horarios y hasta las rutas ke la tía seguía y gracias a todo ello, Lucas perpetro casi impune su fechoría!

A propósito de crisis...

Mi buen amigo Nacho me platicaba sobre una anécdota que le ocurrió a su papá, hace bastante tiempo y no precisamente en época de crisis:

El bullicio típico de la casa fue opacada de pronto por el silbato característico que usan los afiladores de cuchillos ambulantes que rondan las colonias en sus bicicletas, así que en el acto la madre de Nacho le pidió a su esposo que detuviera al afilador mientras ella buscaba unos cuchillos que requerían de sus servicios.

El padre de Nacho salió al encuentro del afilador que ya estaba a escasos metros de la casa, así que con una seña le indicó que se detuviera y esperara un poco.

Habían transcurrido pocos segundos cuando de pronto la madre de Nacho salió de la casa con un cuchillo cebollero, unas tijeras y dos cuchillos medianos: “Es que estos dos ya no cortan ni un triste pedazo de queso”, decía la señora. El afilador recibió los objetos con agrado e inmediatamente la madre de Nacho regresó a su casa, lo que hizo que implícitamente el padre de Nacho adquiriera la responsabilidad de esperar a recibir los cuchillos y tijeras afilados y pagar el servicio.

El afilador, hombre tosco que tal vez había visto pasar unas cincuenta primaveras empezó a trabajar sobre el cuchillo cebollero y sin quitar la mirada de su trabajo preguntó al padre de Nacho: -Oiga… ¿Cuánto le costó? –Extrañado, el padre de Nacho contestó preguntando: -¿Cuánto me costó qué? –¡Su esposa! –Dijo el afilador en un tono como si la pregunta que le hizo fuera más que obvia. –Ah, bueno… No me costó nada. -¿En serio? –Dijo el afilador, esta vez dejando de mirar sus herramientas para dirigir su mirada al padre de Nacho, pero sin dejar de trabajar. –Sí, en serio… ¿Por qué? ¿De dónde es Usted? ¿A poco allá venden esposas? –Bueno, pos yo vengo de la Sierra de Veracruz y pos… allá uno puede comprar una esposa: Hay de trescientos pesos que saben hacer el quehacer, las de quinientos que además del quehacer bordan, cosen o hacen alguna otra gracia y están también las de mil pesos que aparte saben leer y escribir…

-Se produjo un silencio durante el cual el afilador siguió trabajando con las tijeras y el resto de los cuchillos. Mientras, el padre de Nacho imaginó la escena con un escaparate en una tienda de pueblo y una serie de mujeres de distintas estaturas y complexiones paradas derechitas tras el mostrador y recargadas en la pared, unas sosteniendo un cartoncito frente a sus pechos escrito burdamente con plumón y que decía “300”, otras un “500” y otras un “1000” que en este caso estaría escrito con plumón azul rey y remarcado con más cuidado... De pronto no pudo contener más la curiosidad y dijo al señor: -Supongo que Usted compró la de mil pesos, ¿no? -¡No! ¿¡Cómo cree!? ¡Está bien cara! Yo compré la de trescientos… -Dijo el afilador con un gesto adusto, como si le hubieran sugerido hacer una tontería.

El padre de Nacho contuvo la risa y no pudo evitar sentir una brisa de pena ajena... Aunque… Ahora que lo pienso… ¿Se imaginan hoy en plena crisis mundial cuánto costaría una con licenciatura? ¡De por sí aunque uno no la compre, el mantenimiento ya es carísimo!

- el güey de junto -